Publicado en Tertulianas

Prostitución y literatura


“En la casa habitaban varias mujeres dedicadas al único oficio con el que podían sobrevivir aquellas que estaban solas en el mundo: el de agradar a los hombres” 

Sefchovich, S. mujer cubista

Fuente de imagen: Ecos del columpio

“Pero a decir verdad, me parece un poco banal – por no decir ocioso – vivir en torno a la esclavitud del cuerpo habiendo cosas más relevantes”

Serrano, M.

De acuerdo con el Diccionario de la lengua española, la palabra prostitución proviene del latón prostitutĭo, -ōnis. En su segunda definición, se define como: Actividad a la que se dedica quien mantiene relaciones sexuales con otras personas, a cambio de dinero.

La prositución, es un oficio antiguo. Sin afán de desentrañar la historia de la prostitución, me atrevería a decir, que nace a la par de las transacciones monetarias. Cuando la humanidad termina con el trueque e inventa esa necesidad de intercambiar una pieza de metal acuñada (u objetos simlares), para poder subsistir dentro de la sociedad.

Así que, quien nada material externo a sí mismo, tiene para ofrecer, debe valerse de el único vehículo material que le es inherente: El cuerpo.

Por lo tanto, el escritor, como individuo que intenta retratar una realidad, no es ajeno a este tipo de transacciones. Así que existen libros que nos ofrecen una visión sobre el tema, como en Las muertas de Ibargüengoitia, Memoria de mis putas tristes, de García Márquez, Pantaleón y las visitadoreas, La casa verde de Vargas Llosa, Santa, de Federico Gamboa, El lugar sin límites, de José Donoso, La hija de la fortuna y Retrato en Sepia de Isabel Allende, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Murakami y un poco 1Q84, además de La señora de los sueños de Sara Sefchovich. En la biblia Isaías 1, versículo 21 dice: “¡Cómo has llegado, ciudad fiel, a ser igual que una prostituta”

Este oficio, por sus características de violencia intrínseca, ha estado al margen de la ley, salvo en ciertos países europeos, como en Holanda, el caso de Amsterdam está bien documentado. Existen también casos históricos de prostitutas que gozan de un elevado estatus, como el caso de Grecia y Japón, donde Hetairas y Geishas, son educadas desde pequeñas no sólo en las “artes amatorias” sino que desarrollaban competencias en el campo del arte, las ceremonias e incluso en asuntos de política.

Sin embargo, la generalidad de las que ejerce este oficio, lo hace en condiciones de degradación, donde la violencia sigue presente y a pesar de que hay quienes dicen disfrutar lo que hacen, las más fueron obligadas de una u otra manera. Tengamos por caso los países asiáticos, donde el comercio sexual busca chicas cada vez mas jóvenes. O el caso de países donde “exportan” mujeres.

Entonces, ¿cabría la posibilidad de que al  legislar el oficio, se mejoraran las condiciones de las sexoservidoras? Desde mi particular punto de vista, considero que no. Si existen grupos que solicitan la legislación, deberían de tener en cuenta que sería sinónimo de legitimar esa violencia que es ejercida sobre millones de mujeres.

Santa acabó sola, las Baladro fueron implacables (recordemos a la prostituta que dejaron morir de insolación), Pantaleón sucumbió ante su mentora en esos campos, las mujeres de la Japonesita acabaron en la calle. Quizás la única esperanza recae en Tao Chi´en, quien se dedicaba no sólo a curarlas de sus enfermedades “laborales” sino de pagar enormes sumas por liberarlas. Sin dejar de lado esa historia un tanto simple de Memoria de mis putas tristes, donde Delgadina, tan frágil, acaba por conservar su inocencia.

Abordar el tema desde la literatura, nos permite, hasta cierto sentido, comprender desde la perspectiva de las protagonistas, lo que implica llevar una vida, donde el lema recurrente es “hasta que el cuerpo aguante”.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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