Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Convalecencia


“En casos así, basta con llamar por teléfono pasadas las 3 de la madrugada y despertar simbólicamente a

alguien que esté sumido en un sueño apacible y semiótico”

Murakami, H.

VelyaLeyva

Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Autora: Velya Leyva

Quiero recuperarme de tanto quererte, todos estos años dosificando el olvido. Pero todas las almas a tu alrededor se vuelcan en mí, convirtiéndome en un punto más del espesor del mundo.

Quiero sanar de una vez por todas, y dejar de despertarme cada día pronunciando tu nombre, pensándote en la distancia, esperando el milagro de tu presencia.

Quiero que dejes de dolerme, de aparecerte entre mis sueños, de volverte pesadilla. De vertir mis anhelos en una historia que sólo tuvo un prólogo y quedó suspendida entre dos ideas.

Quiero volver mis pasos, unos cuantos instantes y brincar en el tiempo cubriéndome de todo lo que fuiste arrancando, abriendo, horadando, hasta volverme una masa incompatible con la vida.

Quiero dejar de susurrar tu nombre, cual conjuro que en vez de alejarte, me trae tu presencia en esbozos arrebatados y fríos.

Quiero borrar tus manos, tu sonrisa, tu calidez, tus dedos reconociendo los trazos en mi espalda, tus sonidos de bebidas, hielos y alquimias.

Quiero dejar de pensar en los murciélagos, en la casa azul, la cocina roja, la zanahoria brotando, el sonido metálico de las hojas afiladas de acero.

Quiero arrancar de tajo tu mirada hundida en la mía, las palabras enredadas en canciones compartidas, las líneas de mis manos y las tuyas. Las fotografías escazas pero evidentes.

Quiero dejar de quererte, dejar de soñarte, dejar de sentirte cada vez que cae la tarde y el verano anuncia las escasas lluvias.

Quiero de una vez por todas arrancarme de tajo la idea de tí, porque para tí hace siglos que nada soy y cada trazo de tu presencia es como una afilada aguja que se hunde sin piedad en mi carne, que no deja más que más constelaciones – cicatrices.

Porque estoy tan enferma de tí, como una condenada a vivirte a cada instante, mientras queda mi escencia postrada en una cama flotante entre dos mundos.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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