Publicado en Las que saben

Conexión


“Soy ante todo mi cuerpo y ansío una identidad que me desmitifique”

Poniatowska, E.Copia de palomilla-WEBFuente de imagen: Cortesía de Brunóf

Perdón padres míos por haberles decepcionado, ustedes querían que hiciese su vida, y yo hice la mía. (una pequeña adaptación a lo que escribió Jodorowsky)

En este dialéctico entorno apocatastásico que soy, aprendo de mi nuevo camino de femigrante. Con los tambores en mi útero, desde el centro de mi cuerpo que se vuelve uno con la tierra, que se une con el de un Hada, con el de mi madre, mis hermanas, mis tías, primas, abuelas, amigas. Latimos.

Mi animal totémico me acompaña, revoloteando como siempre a mi izquierda: soy siniestra. Se abren mis portales y se enraizan desde las profundidades de mi cueva: el umbral del nacimiento de mi todo.

Dejo que los pensamientos se abran paso, que la luz entre en torrentes que ascienden nutriendo y descienden depositando lo que no necesito.

Recuerdo  entonces, que consternada me sentí cuando abrí los ojos y me di cuenta que mi exmarido había cortado todas mis relaciones afectivas con mis amig@s. Yo creía que los demás me envidiaban, que mentían, que inventaban cosas de mí. Le permití que llenara poco a poco mi cabeza con mentiras. Eso no era amor sino control para impedirme ver más allá de lo que él quería que viera.

Creo que una persona a quien sistemáticamente le cortan sus lazos afectivos, se cuestiona menos porque su visión está sesgada. Entonces empieza a permitir que cada vez sean más las decisiones que tomen por ella y sabe acatar cada vez más órdenes. De tal manera que llega el momento en que sólo acepta lo que su pareja dice y lo asume como una verdad.

Pero no todo ha sido triste en este último ejercicio de mi deconstrucción, porque también vuelve a mi memoria, lo que sucedió allá por el 2012, en una noche azul. Yo quería que Brunóf hiciera el diseño para mi tatuaje, para terminar esta metamorfosis que se fue gestado por décadas. Una etapa crucial en mi proceso de desdomesticación, entonces él me envió esa maravillosa imagen de mi azulosidad.

Curiosamente haciendo estas breves reflexiones, y aunque ya han pasado varios años, caigo en la cuenta de que es precisamente sobre el lado izquierdo de mi cuerpo, donde se posa esa palomilla blanca, en ese lado de forma inconsciente pedí que me hicieran mi tatuaje. 

Soy zurda pero era ese lado de mi cuerpo y esa faceta de mi vida con la que tenía que reconciliarme: mi feminidad.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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