Publicado en Cuenterías

Senderos revueltos


Nos acercamos en sueños,  recorriendo caminos.

Reconozco Nowhere.

castillo azulFuente de imagen: Digital Blasphemy

La puerta se ha abierto una vez más, el crujido de los goznes faltos de grasa, el picaporte labrado con nuestras iniciales, los símbolos alquímicos en el dintel. Estoy en la cabaña una vez más.

Escucho un tamborileo fuerte, son mis latidos, me asomo por la ventana, algo me lleva hacia el lago. Salgo de prisa y siento el frescor del pasto en mis pies descalzos, el leve roce de la falda en el suelo. Con sorpresa, veo cómo las flores han brotado y llenan de un aroma dulzón el ambiente. Los árboles se sacuden muy despacio.

Avanzo a grandes zancadas, hasta alcanzar la orilla, desde donde puedo ver un islote en el centro. ¿Estaba ahí antes? No lo recuerdo.

Mantengo mi concentración en el viento; su sonido, la temperatura, la forma en la que hace ondear mi ropa.

Tengo la necesidad de llegar hacia ese lugar nuevo. Sin pensarlo, me hundo en el agua, refrescándome. No tengo prisa por llegar, nado disfrutando el momento. La ropa se pega a mi piel, pero no estorba.

Llego a mi destino, donde todo es nuevo para mí. Descubro que el pasto es más suave que en la otra orilla y hay un hermoso árbol en el centro. Es extraño que no lo recuerde, tantas veces estuvimos el mago y yo en los alrededores. Pero así es Nowhere, siempre cambiante.

Huelo el aroma dulzón que me abruma, como si se concentraran en él todas las primaveras. Su enorme copa me ofrece sombra. Abro los brazos intentando en vano rodearlo, es demasiado grueso.

Caen sus flores y recuerdo aquello de los cinco milímetros. ¿Sucederá lo mismo con éste? Sólo recibo como respuesta un susurro leve, que arrulla y me invita a recostarme cerca de las raíces. Ahí donde late la tierra, donde se alimenta ese hermoso ser que parece inmóvil, pero que vive de un modo diferente al mío.

Le cuento mis secretos y le pido consejo, mientras revuelvo un poco la tierra y la guardo en la bolsa que cuelga de mi cintura. Un puñado basta, porque se ve roja, nutrida, viva.

Avanza inexorable el tiempo, es tiempo de partir.

Agradezco el momento, el espacio y me vuelvo ese animal totémico que me sirve de guía. Siento cómo mi cuerpo se reduce, se cubre de vellosidad, se despilegan las antenas, se alerta la vista y así transformada, alzo el vuelo.

Ya no es necesaria la vestimenta, sólo el diminuto bolso, que casi es equivalente a mi peso. Pero es una carga necesaria y preciosa. Volver así es un desafío, la meta es no caer, no sucumbir hasta regresar a la cabaña.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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