Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Femigro: mi lenguaje


“La biblioteca desierta posee algo que me conmueve. Todas las palabras, todas las ideas descansan ahí en silencio”

Murakami, H. (2008) Kafka en la orilla.

shot-palabras

Fuente de imagen: internet

El lenguaje nos construye, no importa si es escrito, verbal, corporal, somos a través del lenguaje. Por lo tanto, debemos reconsiderar la forma en la que nos expresamos.

En nuestro país, el lenguaje tiene un corte inherentemente sexista, en el que hay una polaridad que no acepta matices.

Este lenguaje está íntimamente relacionado con la feminidad y la masculinidad, pero éstos bajo un esquema radical en el que se da un juego de poder.

Octavio Paz, hace un maravilloso ensayo, sobre la Chingada, término utilizado como una especie de “comodín” con una amplia variabilidad de connotaciones en donde la “Chingada” es la rajada, la abierta, la vulnerable. Y el que “chinga” es el que abusa, el que somete.

Pero esto no es nuevo, nuestras raíces prehispánicas, coinciden en estas creencias. En el mito de Coatlicue, fue precisamente un cuchillo de obsidiana (tecpatl) el que la   fecundó por primera vez, este símbolo fortísimo del cuchillo razgando, abriendo, desgarrando. En este contexto sociocultural, el castellano encontró su referente.

Otro mito nos remite a esos roles diferenciados:

“Desde entonces la diosa Xochiquetzalli, fue conocida como Tlazoltéotl (señora de los adúlteros y los desvergonzados). Por su parte, el dios seductor, Tezcatlipoca, fue nombrado Huehuecóyotl (coyote viejo), señor del canto, la danza y de la alegría”

Un claro ejemplo de juicios con sentencias diferentes para el mismo caso con los mismos involucrados. Ella condenada, él festejado. Arrastramos estereotipos arcaicos que se deben modificar.

Por eso es importante reflexionar sobre lo que decimos. ¿Cuántas veces nos han dicho la frase de “Calladita te ves más bonita”? También que dos mujeres no pueden ser amigas.

Pero también a los varones se les condiciona con esta cantidad de etiquetas negativas, reduciendo su quehacer al de una cartera ambulante, el represor, al proveedor.

Así que nos compete hacer la diferencia, entender nuestro lenguaje y practicar el acuerdo uno de los Toltecas: Ser impecables con las palabras.

Referencias

Fernández, F. (2006) Mitos y leyendas de los aztecas. México. Ed. Editores Mexicanos Unidos.

Paz, O. (2010) El laberinto de la soledad: Postdata: Vuelta a el laberinto de la soledad. México. Ed. Fondo de Cultura Económica.

Ruíz, M. (1998) Los cuatro acuerdos: un libro de sabiduría tolteca. México Ed. Urano.

Otros ejemplos:

Hubo una vez, en un lugar, un documento

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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