Publicado en Reflexiones de la Palomilla, Tertulianas

Puede ser por eso


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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Sara, preocupada por su amiga, le hace ver a Teresa que desde que se casó, ha cortado todo vínculo con el exterior, ha dejado su trabajo, incluso ha dejado de cuidarse a sí misma. Teresa no escucha y se marcha. Días después, el marido de Teresa acude a hablar con Sara, y le dice: se acabó esa amistad.

A algunas nos ha pasado, el hecho de perder amistades que consideramos valiosas, por el sólo hecho de expresar una visión externa sobre las personas que son importantes. Es triste cuando uno ve violencia y la expresa en oídos sordos, lo único que logra es seguir siendo observador, con la esperanza de que algún día que se llegue al fondo, en vez de seguir cavando, decida salir a flote.

Leo, y entre las letras me cuestiono, esta vez salta a mi vista esta frase:

“Qué mal te hace leer a esas feministas – Hernán miraba el libro con disgusto -. Te hace daño. Y te pones insoportable” Serrano, M.

¿Les han acusado de algo negativo por leer?

En el libro explicita: “leer a esas feministas”, pero Sefchovich en La señora de los sueños, visibiliza que el simple acto de leer, le causaba un conflicto insalvable al marido. En ambos libros, los maridos les prohiben explícitamente leer a sus esposas. Porque luego “se vuelven insoportables”

Socialmente es preferible que no piensen por sí mismas e indudablemente el problema es de los maridos.

El asunto va más allá, porque hay mujeres, que presionadas, dejan lo que son para evitar conflictos. El libro es solo un ejemplo, pero existen las que dejan de estudiar o trabajar, sus amistades, sus creencias, su forma de vestir o peinarse. Se nulifican a sí mismas, para evitar maltratos, a veces “invisibles” pero al fin y al cabo maltratos. Es muy fuerte el hecho de dejar el trabajo y ser dependientes económicos, como factor determinante para permanecer en un ciclo de violencia.

El otro día comentaba el caso de una persona a la que su marido humilla constantemente, entonces me dijeron: ¿Y a tí qué te importa? Ni que fuera a tí la que te pasa. Además a ella le gusta eso, sino no estaría con él.

Yo dudo que eso le guste. Así duré diez años y dejé de ser yo, por supuesto que no me gustaba, lo que pasa, es que estaba enferma. Enfermé de miedo, mi autoestima estaba por lo suelos. Por fortuna me salvó el trabajo al que siempre me he aferrado, y también a los libros. Curiosamente al abrir esas ventanas, las ideas hicieron que mi mente comenzara a cuestionar, a cimbrarse, a ver que esa situación no era sana.

Ahora sí me importa, los demás no son yo, pero yo si fuí y nadie estuvo ahí para soportar. Por eso prefiero mil veces ser juzgada por visibilizar, que seguir perpetuando ese pensamiento tan inhumano del: ¿Y a tí qué te importa?

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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