Publicado en Reflexiones de la Palomilla, Tanatos

4. Tanatos: De los pequeños


“A lo mejor morir es separarse de todo con facilidad, dejarse ir, dormir, flotar, fluir, abandonarse a un curso desconocido hacia un destino también desconocido

Poniatowska, E.

“¿Qué es aquello que jamás puede morir?”

Pinkola, C.

leon3Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

¿Cómo empezar? Será que de por sí la muerte es eso misterioso, pero aún lo es más, la muerte de los seres más pequeños de la humanidad, a quienes se debe proteger y que en ellos se proyecta todo el potencial y las expectativas sobre su futuro.

Como afirma Pinkola, C. (1995) “Dejar vivir lo que tiene que vivir y dejar morir lo que tiene que morir es sin lugar a dudas la meta más agotadora”. En especial si se trata de los hijos.

Paradójicamente, con ellos todo es juego, esa es su forma que tienen para aprender a ser / vivir: el juego. A pesar del dolor de la pérdida o de saber que la muerte llegará en cualquier momento, sigue siendo muy importante el ludismo.

Por eso, el hecho de tener que explicar la muerte a un niño / niña, es un reto para los adultos, conflictuados con los prejuicios que se les han ido sumando con los años. Los adultos no podemos explicarnos la muerte, entonces ¿cómo podemos usar las palabras adecuadas para explicársela a un niño / niña?

Los niños requieren explicaciones claras y sencillas sobre las situaciones que enfrentan o van a enfrentar. Los temores de los pequeños son generados a partir de la falta de seguridad, ya que hasta cierta edad son completamente dependientes de los adultos. Su angustia ante la muerte, puede presentarse ante la posibilidad de no ser alimentado o no ser protegido, también ante lo que sucederá con sus familiares una vez que él halla muerto.

La edad es un factor importante que se debe tomar en cuenta al momento de abordar este tema, un niño muy pequeño, no tiene aún un concepto sobre la vida y la muerte, mientras que un adolescente, se enfrentará con un doble conflicto debido a los cambios propios de su edad, aunado a esta nueva situación de finitud y/o pérdida.

Dos escenarios posibles ante las pérdidas son:

El hecho de que la muerte es inminente.

El hecho de que alguien cercano muere.

Desde el primer escenario, se debe informar de la muerte, intentar que el pequeño / pequeña, desde su punto de vista, exprese sus opiniones, sus sentimientos, sus dudas. Éstas variarán según su capacidad de lenguaje, su edad y la gravedad de su situación física. También es necesario tener en cuenta si está en casa o si el período de hospitalización es intermitente o se prolonga.

Es importante permitirles la expresión, ya que el negarles la información sobre su estado de salud, provoca que se generen miedos, se oculten emociones y exista más presión para no demostrar qué es lo que se siente.

Como los procesos mentales son analógicos, se pueden utilizar diversas herramientas o actividades que permitan a los niños expresar sus emociones, estas herramientas pueden ser juguetes, pinturas, plastilinas, imágenes, películas, cuentos, libros y todo tipo de recursos que logren generar un lazo de confianza entre el tanatólogo y el niño / niña. Además en todo momento se debe respetar si tiene alguna expresión de fé o sentido religioso sobre el tema.

Clarissa Pinkola Estés y Alejandro Jodorowsky nos hablan de la sanación a través de los cuentos, por eso es una herramienta muy utilizada en el trabajo con los niños, tanto en el caso de la muerte del paciente, como en la preparación para la noticia ante la pérdida de una persona cercana.

Cuando los niños ya no son pequeños, pueden tener inquietudes no sólo sobre su propia muerte y lo que le espera, sino sobre el dolor que sentirá su familia cuando él / ella ya no estén, esto incluye las relaciones con sus padres y hermanos.

En el segundo escenario, el tanatólogo únicamente prepara el camino para que el algún familiar pueda darles la noticia del fallecimiento y explicarles qué es lo que pasa con el cuerpo de las personas ante la muerte.

El tanatólogo debe identificar la profundidad de los lazos que los unen con la persona que murió y ayudarle a determinar la forma en la que se puede conservar su memoria, siempre permitiendo que el dolor salga y que se expresen los sentimientos.

Es importante, prestar atención a los pequeños, porque con el fin de “protegerles” del dolor, a veces se les impide asistir a la funeraria y al funeral. Esto, suele retrasar el duelo, ya que el presenciar el acto de sepultar o incinerar un cuerpo, les permite ubicar el momento y el lugar en el que estarán los restos de esa persona, además de confirmar la realidad de la muerte. Los funerales les sirven para despedirse y sentirse confortados en esa interacción familiar.

Si bien la muerte es un proceso por el que todos los seres vivos pasarán, a veces los adultos no entendemos que las pequeñas pérdidas ayudan a los infantes a elaborar duelos. El afán de protección minimiza las capacidades que tiene el ser humano para procesar los duelos. Por ejemplo, ayudar a los pequeños a manejar adecuadamente la muerte de una mascota, sirve de preparación para las pérdidas sucesivas a las que se enfrentará a lo largo de su vida e incluso la forma en la que enfrentará su propia muerte.

La última tarea de un duelo, es por tanto, recolocar en algún lugar emocional al fallecido. Aunque parezca repetitivo, es imprescindible apoyar a los más pequeños en la identificación de sus emociones, para permitirles que las expresen y poder atenderlas adecuadamente. Estar atento a las reacciones que presenten en ambos escenarios, permite realizar una intervención adecuada.

Es indudable que las relaciones luego de la muerte cambian, si los niños han sido educados en alguna religión, se puede traducir desde la perspectiva de una nueva existencia, o un renacer. En el caso de que no se manifieste ninguna creencia, esta relación se puede dar a través de la trascendencia que la persona tuvo, en relación al doliente.

En conclusión, la labor de preparar a los niños ante su propia muerte o ante la muerte de algún familiar necesariamente está vinculada con herramientas lúdicas, enfocadas en primera instancia en ayudar al niño en la identificación de sus emociones, para poder trabajarlas y desarrollar de manera más adecuada su aceptación ante la muerte y el proceso de duelo.

Referencias

Clericó, C. (2008) Morir en sábado.

Jodorowsky, A. (2001) La sabiduría de los cuentos.

O’Connor, N. (2007) Déjalos ir con amor: la aceptación del duelo.

Pinkola, C. (2003) El jardinero fiel

Pinkola, C. (1995) Mujeres que corren con los lobos.

Roccatagliata, S. (2006) Un hijo no puede morir: La experiencia de seguir viviendo.

Estas reflexiones son parte de los resultados personales del Diplomado en Tanatología que ofrece el Centro Tanatológico de Chihuahua A.C.

  1. Tanatos: ¿Qué me trajo aquí?
  2. Tanatos: Buscando el para qué
  3. Tanatos: Morir
  4. Tanatos: De los pequeños
  5. Tanatos: Cuidar hasta el final
  6. Tanatos: El voluntario adiós
  7. Tanatos: Etos
  8. Tanatos: Eso que podemos llamar espíritu
  9. Tanatos: Legado
  10. Tanatos: No fue una línea recta
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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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