Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Llamado


5.lluvia

Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

La madre de nuevo me llama, escucho su voz en medio de mi dolor, entre las lágrimas que se derraman copiosas. ¿Dónde me cabe tanto dolor?.

Me llama como una anciana sabia. Despliego mis alas y viajo a su lado. Ella me espera, abre sus amplios brazos y encuentro respuestas en sus manos, quiero hundirme en su voz cascada, jugar con su risa y volver a la niña que alguna vez fui.

Ella es la guía entre las sombras, la que ha gritado en mi interior desde que recuerdo, que me ha ido jalando hasta llevarme al lugar al que pertenezco.

No tenía nombre, pero latía en mí cuando las horas de domesticación religiosa se hacían lentas, cuando me daban respuestas a medias, cuando me enfrentaba a la severa mirada de aquellos que querían aleccionarme. Cuando me impidieron cantar junto al altar por no aceptar más domesticaciones.

No tenía nombre pero la descubrí entre las primeras páginas de los cuentos de Hadas y Brujas que llegaron a mis manos. Luego entre las páginas de otras historias, de otras corrientes, de otras etapas.

No tenía nombre, pero sabía que estaba ahí, latiendo conmigo, a pesar de que renegaba de mi sexo, de este cuerpo de mujer que me parecía equivocado, porque todas las consignas lo señalaban. Me dijeron que yo, como mis hermanas, éramos puro producto para caballero.

Estaba peleada con mi cuerpo, con mi sangre, con el emparejamiento tradicional, con todos los debes que yo no aceptaba.

Entonces, en medio de las confusiones, llegó el momento de volar, así Nowhere, el Mago, el lago y ese mundo faérico que surgió desde adentro, que buscó sus propios espacios, sus aquelarres, sus hogueras, sus cánticos.

Ahora al fin, mis alas se volvieron permanentes, mi escarbar entre los huesos un camino, encontré la manada luego de tanto andar en solitario.

Ahora aullo en las noches, lloro hasta agotarme si es preciso y también sé pelear. Aprendí con dolor a dejar morir lo que debe morir y a cubrirme de luces y de sombras.

En mi camino por este mundo, apenas he dado un par de pasos, sabiendo día a día que soy finita y que cada instante puede ser el último.

Tenía miedo del dolor, ahora lo asumo, tenía miedo de la pérdida, ahora busco comprenderla, tenía miedo de amar, pero amo profundamente y lo más importante, aprendí a respetar mi cuerpa, mi sagrado yo, y a las demás, a todas aún cuando sean muy diferentes a mí, aunque sus caminos vayan distantes, porque soy todas y Hada también lo sabe.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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