Publicado en Cuenterías

Urgencia


libros2Jonathan Wolstenholme: A quiet reading

Fuente de imagen: De letras y colores

Pues ya ve usted que no le era tan urgente. Esa historia ni alcanzó a serlo. Es cierto que hay algo en usted que me llama la atención. Quizás esa sonrisa mezcla de sarcasmo e inteligencia.

Usted estaba en tercero, en aquel salón del primer piso y yo me dedicaba a ajustar trazos, a corregir sombreados, a entintar plumillas.

Aún tengo el demonio que fue mi quid pro quo, precisamente por una plumilla y un manguillo, porque al pasar algunos años, usted ya no recordaba para qué servían.

Sepa que aprendí mi lección, sé que tengo corazón de hotel, pero ya esos asuntos tan “urgentes” en realidad no urgen. Si requiere verme, ya sabe mi dirección.

Que quiere verme, que pasa por mí, que le dé nuevamente mi teléfono, que si ya habíamos salido alguna vez. Todo el cliché que guste.

Por cierto, aún tengo colgado en dintel el cartel de bienvenida, una botella de tinto y el cuarto con mi estuche de óleos, acuarelas y tintas chinas. Un restirador y el viejo caballete.

De cualquier manera, siempre a la mano tengo en mi escritorio, un ciento de tarjetitas que dicen “Para el único hombre de mi vida” y creo que usted no tiene ninguna.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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