Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Entonces qué hacer…


“No hagas nada bajo el influjo de una inspiración nocturna, son las inspiraciones más traicioneras”

Serrano, M.

fuego

Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica.

La noche, la misma hora detenida en el tiempo. La voz al otro lado del teléfono, esa que te trae a veces viento fresco, otras viento oscuro. Kuroi Kaze.

Así las sombras y las palabras. Sé que tampoco puedes darme nada mas que palabras. La pregunta es ¿Qué hago con ellas, dónde las acomodo para poder entenderlas?

Es la noche mala consejera y quedo con las preguntas suspendidas, sin respuestas. Recuerdo el adiós claro, perfectamente audible. Entonces el terror, la paranoia, la intensión escondida bajo esa palabra, que no fue sólo la palabra porque sé leerte en todos los sentidos.

Era la tristeza, que me hizo alertarme, era ese adiós profundo, desconsolado, triste, agobiado, incomprensible.

¿Qué hago con este amor, irracional y atropellado? Ese que he guardado perfectamente y que no duele, esa certeza de la correspondencia, esa magia sólo posible entre nosotros.

Hay en este planeta más de seis mil billones de seres humanos, la mitad de ellos son hombres, y entre todos ellos, sólo existes tu.

La única certeza, inició esa noche hace seis años e implicó un replanteamiento de mi vida, abrió la puerta a posibilidades desconocidas. Despertó en mí esa oportunidad de aprender de nuevo a ser. Contigo soy, así sin más, soy la que soy y así me permites ser, sin importar que nos veamos un instante, unas horas o sólo estemos a través de una ventana digital.

Sin embargo hay muchas otras interrogantes, me lleno de preguntas nunca formuladas, es la distancia, la noche. Es el poner atención total a las palabras que brotan aunque el auricular no funcione muy bien.

No me arrepiento en ningún momento del corazón – latido – tren, ni del beso tierno que quedó tatuado en mi existencia, ni las noches, la música, el abrazo.

Pensar que apenas han pasado unos días de haberte visto y ahora tengo de nuevo esta sensación de pérdida, una pérdida continua que debo reacomodar, porque con esto del amor, todo está fuera de la razón.

Quisiera tener la seguridad de que leerás estas palabras, que obtendré cuando menos una señal inequívoca de que así fue.

Por lo pronto: espero.

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Autor:

Las bibliotecas son crisoles de conocimiento, tengo la fortuna de trabajar en una de ellas.

Platícame que piensas de lo que escribo.

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