Publicado en Ars

Venas musicales


“Las palabras son como el vino: precisan de reposo y tiempo para que el  terciopelo de la voz entregue su sabor definitivo”

Sepúlveda, L.

Existen instantes, donde la vida se vuelve perpendicular entre tantos mundos paralelos.

Esperas paciente en una larga fila, mientras el tiempo avanza despacio, es el momento en el que controlas la adrenalina porque sabes que al cruzar el umbral, se abrirá un mundo abarrotado de espectros, me vuelvo uno de ellos. Luego te topas con personas que hace rato que no veías y la espera se vuelve más amena, especialmente si es una hermosa bruja y de pronto también aparece el Nigromante, que desde hace poco ha resucitado.

Por fin, llega la hora, la emoción y mucho que disfrutar. Los primeros acordes siempre desatan la garganta, el cuerpo se mueve como lanzado por un resorte y el sonido entra por mi cuerpa, como una descarga eléctrica.

Cada sonido, cada melodía, cada salto, cada trago de cerveza se vuelven instantes que perduran. Hace años habíamos ido juntos y se nos vuelve a presentar la oportunidad, es genial ver crecer a quien uno quiere y también que tengan la confianza de acompañarme. Es que todos debemos tener en la vida una abuela alcahueta y una tía loca, por fortuna me toca lo último.

Hace un par de meses, en otro lugar, mi hermana y yo también nos desgañitamos, saltamos y nos volvimos ecos en la multitud, en ese compartir momentos, porque de eso va la vida. No importó la camisa de fuerza, el estallido de acordes, sino las voces que nos hicieron saltar hasta la afonía y la sordera.

Lo intersante esta última ocasión, fue la mezcla de la música, el chocolate obscuro y la locura de la distancia en la noche, de la búsqueda de la oxitocina, del beso estallido a media noche.

Por lo pronto, seguiré cazando noches de música y de grata compañía.

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