Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Tiempos


Las constelaciones toman nueva dimensión. La vida nos lleva por rumbos imprevisibles y debemos aprender a aceptar lo que viene, de la mejor manera.

Tenía abandonado mi espacio, no por falta de ganas, sino por exceso de peripecias. Todo agosto y septiembre han sido intensos.

Tuve la fortuna de estar en la ciudad de la eterna primavera, de ver de cerca un Cuexcomate y meterme en los “vagones” de una biblioteca, también de estar en la emblemática ENBA como invitada al lado de grandes personalidades de la Bibliotecología y rematar escuchando al Mtro. Uribe, Alfinero de Iberoamérica.

Septiembre con trabajo hasta para regalar y dos semanas de enfermedad que más que nada son producto del cansancio, debido a una serie de retos laborales que parecen agravarse hasta la náusea. Debo recordarme diariamente que comer y dormir son aspectos necesarios para vivir, últimamente lo olvido.

Buscar un sueño cuesta y he tenido que pagar caro mi ensimismamiento en una nueva vida, ya Hechizera de Fuego me ha alertado que puedo caer en una muerte metafísica.

Debo irme con tiento, sin embargo, aún tengo mucho por hacer, es preciso ordenar la existencia y replantearme el camino. Los faes están conscientes de que no me puedo estar quieta.

Se ha concretado un proyecto que saldrá a la luz a inicios del próximo año y no debo quitar el dedo del renglón.

Mañana espero volver “al aire”, a través de “A clóset abierto”.

Por lo pronto aprovecho esta tarde de “elotoño” para sonreír con la persona que ha llegado a mover mi mundo, a darme una puerta abierta de par en par, todo un poliedro que ha resquebrajado mi estado de confort y ha sido mi espejo para construir.

Ya se irán ajustando las cosas, es preciso que logre un equilibrio para seguir adelante con todo lo que tengo planeado.

Así, que a seguir viviendo, hasta morir.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Anuncios