Abrir espacios


Hablabas de cerrar puertas, como esa frase habitual para terminar con alguna situación, el límite. Curiosamente decidiste abrir nuevamente esa puerta, o mejor dicho: la caja de Pandora.

Entonces, los momentos comenzaron a desbordarse de forma incontrolable. Las preguntas salieron de su letargo haciéndose más incisivas.

¿Qué sucede entonces con el torrente de ideas que no pueden disolverse ni en las tazas de café, ni en la íntima reflexión de un diván?

Se escaparon los olores, las miradas, las frases, las risas, las caricias y también los gestos, las molestias, los silencios densos, las discrepancias.

Todo se volvió una mezcla viscosa que se impregnó en la superficie de la mesa, dejando marcas corrosivas, como recordatorio de que lo que alguna vez se quedó guardado, debe quedarse ahí.

Mientras, en el espejo, el reflejo de mi rostro, con la duda marcada en la frente y los ojos intentado contestar un porqué sin respuesta.

5. Nubes

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Inexplicable


Podría explicar muy lentamente como me gustas. Ir desmenuzando cada hebra de instantes, cada mirada, cada roce.

Podría hilvanar poco a poco ese primer beso e ir desdoblándolo hasta desentrañar su misterio.

Podría quedarme absorta, reconstruyendo tus palabras, mezcladas con las mías, relatándonos los sucesos de la semana hasta ponernos al día.

Podría escuchar una y otra vez esa melodía de fondo, sus notas cadenciosas y recordar como se va iluminando tu rostro mientras sonríes.

Podría intentar entender esto que pasa y también lo que no pasará, pero en este momento, prefiero dejarme arrastrar por las emociones, dejar a un lado lo razonable y dejar las explicaciones para otra etapa, otra estación o quizás otra vida.

Fuente de Imagen: Palomilla Apocatastásica

Material


De la nada, así surgiste. Quizás te materializaste de un sueño. Ahora abro las puertas y descubro tu rostro. Novedoso para mí, como si nunca nos hubiéramos visto antes.

¿Los años cuentan?

Me deleito escuchándote, apasionado por eso que nos aqueja como sociedad. Es un gusto coincidir.

La música suena al fondo y me aferro a tu cuerpo. Te abrazo cubriendo tu espalda, como si así pudiera detener los instantes y guardarlos por siempre.

Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica.

Recado


Como en marzo te escribí, fue una línea bastante desvencijada, requería un lubricante para que las palabras no crujieran tanto.

Te dediqué ese “tequiero” colocado entre líneas. Un poco incierto, temeroso.

Ya pasaron ocho meses y aún  conservo la hoja, que se ha puesto un tanto lánguida y tomó ese tono amarillento de un olvido a fuerza de esperar.

Quizás un día de éstos, decida por fin dejarlo en tu mano, es que a pesar de que lo he escrito en marzo y de todo lo que he hecho por intentar suavizarlo, aún cruje.

spells

Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica.

Rigor mortis


Seguro fue el rigor mortis, las articulaciones se endurecieron de tal manera que no hubo forma de colocarlo en una posición menos bochornosa.

02.nubes 2017-04

Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica.

Quedó bastante torcido, lo más curioso fue notar en la aorta una incisión absurda que terminó como la boca de un embudo, ávida de algo de sangre tibia que volviera a hacerle funcionar.

Olvidó el beep-boop, como si hubiera estado inerte desde un inicio, aterido, tiritando, con ese tono que primero fue violáceo y acabó por verse azul.

No hubo forma de volverlo a colocar en su lugar. Tan solo quedó el hueco en medio del pecho, con las costillas abiertas como algún animal de carnicería.

Quizás fue el invierno, lo que provocó que se endureciera después de ese intento de beso, mas dado por lástima que por gusto.

Sobre la plancha fría del anfiteatro, pudimos verlo, con el pecho hueco, un esbozo de rostro apenas dibujado, las piernas dobladas como si fuera una flor de loto y los brazos abiertos, como esperando esa terrible estocada final.