Publicado en Tita

No son eternas


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Fuente de imagen: Globedia

Mi Tita no es eterna, cuando era niña creía que sí. Pero los años van pasando y una se da cuenta de lo efímero de la vida.

Ahora que la veo con sus ojos grises, su piel delgada y lisa y su rostro cubierto de tiempo, veo lo maravilloso que es cada día con ella.

Por eso me gusta descubrir sus pequeños gustos, como los sorbitos de café negro cada mañana, antes de ponerles leche. Sus poemas, canciones e historias que nos lanza a cada frase.

Ayer Hada le regaló un osito pequeño de juguete, que le ha maravillado por sus grandes ojos, y hace días le trajimos unos pequeños chilitos muy rojos, que ha atesorado como si fueran piedras preciosas.

Las cosas que de plano no le gustan y cuando se queda calladita guardada en su mundo. Solo ella sabe qué hay adentro.

Por Tita sí pasa el tiempo, a veces se me apachurra el corazón de saber que un día cualquiera puede morir, igual que yo, igual que cualquiera de nosotros.

Así que mejor nos contentamos con “chiplearla”, porque cada vez necesita menos cosas. Pero no hay como sacarle una sonrisa, como verla recitar o contar cosas de su infancia, y ahora con las tecnologías, poderle mostrar fotografías de sus hijos, nietos y bisnietos que viven lejos. También que vea videos de sus cantantes favoritos.

Hoy fue un día así, que empezó con unas canciones que ha ido repitiendo muchas veces. Dice que ya no tiene voz, pero para mí, es un privilegio poder compartir el tiempo, eso tan escurridizo que cada segundo se nos va.

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Musical


La vida es un suspiro, pero tengo la oportunidad de disfrutar mucho la compañía de Tita. Dos largos años pasaron sin que la viera, pero ya hace rato anda por acá.

Ayer fue una tarde muy divertida, porque mientras comíamos, me puse a renegar por las declaraciones de una diputada sobre los tatuajes. Entonces Tita dijo: A mí me gustaba mucho una canción que decía algo así como  “tatuajes de tus besos”

Palomilla: ¿Quiere escucharla?
Tita: ¿A poco la traes ahí?
Palomilla: ¡Claro! (Santutubo)

Comienza a ver el video de la canción y dice: ¡Mira, se parece a Joan Sebastian!

Palomilla: Es Joan Sebastian Tita. ¿Le vuelvo a poner la canción?
Tita: ¡claro!

Así le siguió con las canciones de los Bukis y embelesada veía varias veces cada video, haciendo comentarios como: ¿Verdad que cantan canciones muy bonitas?, ¡Estoy enamorada de todas las canciones de Joan Sebastian!, ¿Ya se murió el cantante?

Al ver uno de los videos varias veces, me fascinó su expresión sorprendida cada vez que la chica del video le daba un garrotazo en la cabeza a un tipo que la acosaba. ¡Mira, le dio en la cabeza bien fuerte! Era ADORABLE

¡Belleza de momento! Quedará grabado en mi memoria.

 

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Del hogar


19. Recuerdos
Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Volver, al silencio sólo interrumpido por las risas, por el canto de los gallos, por el viento que mueve las ramas.

Volver al espacio uterino compartido, a la raíz, al hogar, a la calidez de las manos enjutas, la voz cascada, los pasos lentos.

Verter la vida en esa mirada que se torna gris, pero no se deteriora, al acto de pescar los versos que van soltándose en cada frase.

Es la voz más antigua de mi clan, junto con la voz de sus hijas, sus nietas y bisnietas. ¡Qué placer poder ver la vida de cuatro generaciones compartiendo el pan y la sal!

El latido conjunto, las horas compartidas, el sonido de esas voces que se van sanando, que se cuentan sus vidas, hiladas y también deshiladas de “maromero” y “repulgo”. De risas menudas y pasos ligeros, críos que alegran nuestro encuentro.

Sabores mezclados, sazones heredados, pizcas de especias y hierbas de olor. También la tierra que se va llenando de flores y de sugerencias para que sigan brotando.

Así todas nos volvemos soporte, en este intrincado vaivén de vida, en el que nos ha tocado despedirnos con dolor y recibirnos con alegría, en el que todo ese canto de voces se elevan y nos nutren para avanzar en este nacer y morir.

No conozco otra forma de sanar las heridas abiertas, de verter lágrimas que se vuelvan descanso, de recibir abrazos que nos reconforten aún en el cansancio más agudo.

Soy orgullosamente parte de ese clan y mis pasos van guiados por su sabiduría ancestral.

¡Aho!

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De vuelta al mundo con colmillos


De vuelta

Nombre: Moth, Renfield

No tengo demasiado que contarle, sólo que abracé esta vida en 1890. Como todos, hube primero de morir entre horribles espasmos y algún agudo pinchazo en la base de la columna.

¿Recuerda a Reinfield? Seguramente escuchó de él hace mucho tiempo, allá por 1897. Él conoció al maestro, estaba obsesionado con acumular fuerza vital. El Dr. Seward lo trató duramente, nunca comprendió la importancia de sus actos. Sacralizaba eso llamado vida..

Sabe, Reinfield era mi padre.

Al igual que él, desde entonces busco esa fuerza vital, pero cuando lo ingresaron tuve que habérmelas por mí misma, apenas tenía 7 y estaba hambrienta.

Con el tiempo, descubrí que no sólo las moscas, las arañas, las aves y los gatos alimentan. Aún cuando los humanos tienen una alimentación tan primitiva, la nuestra es  más meliflua.

Hace poco me acordé de cuan repetitiva es la humanidad, fue Jhonnie Walken, con su flauta de almas, casi vomito ante lo irrascible de la idea. Almas y mas almas.

Pero basta ya de tanto preámbulo, llámeme simplemente Moth, ¿Acaso cree que los seres de la noche carecemos de nombre verdadero?

 

Publicado en Hada imagina, Mundo faerico

A Hada


caleidoscopicaFuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Querida Hada:

No quiero que sufras por mi culpa. Menudos asuntos te han tocado y no sé si haga lo suficiente para que también sanes todo esto que te aqueja. ¡Cuánto has crecido ya! Cada día es una aventura contigo, cada día una locura compartida. Querida Hada, quiero estar bien, quiero dejar de estar adolorida y que no te preocupes por tanta estupidez cometida en tu entorno.

Algo habré de hacer y cumpliré mi promesa de no acabar en el hospital.

¡Aho! Y bendita tu existencia, que la luz llegue a limpiar toda la tristeza y la ira que cargas.

Publicado en El dragón y el Duende, Mundo faerico

Había una vez un Dwende


caleidoscopicaFuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Querido Dwende:

Quiero decirte que te quiero con todo lo que soy. El tiempo ha pasado demasiado rápido, desde ese 29 de septiembre en que mi vida se partió en muchos pedazos. Hice lo que pude, con los recursos que tenía, pero aún así, no hay modo en que pueda entender porqué tuve que llevarte allá.

La vida es misteriosa, pero el dolor es constante, no hay un sólo día en el que pueda descansar, no hay un sólo día en el que no crea que debí haber hecho otra cosa. Cinco meses sin verte, parecen una eternidad.

Tu cuestionamiento sobre el miedo se hace recurrente, de verdad he intentado todo para poder sanar esta herida que es profunda y que sangra a diario. Mi miedo en primer lugar era desprenderme de tí y tu hermana, y fuí precisamente quien te separó en aras de salvarte. ¿Salvarte de qué? Ya había mucho dolor de por medio en la decisión. Quizás la que quería salvarme era yo, salvarme de tener que decidir entre ustedes y sus abuelos. Tener que rescatar lo más posible esa frágil idea de estabilidad en un mundo fracturado.

He hecho muchas cosas para tratar de sanar antes de poder buscarte, ahora estudio a la muerte, quizás para no caer en sus manos de forma anticipada y precipitada. Lo he pensado, especialmente en esas noches que parecen alargarse hasta la locura. Volví a teatro, para intentar desprenderme de mí por algunos momentos.

Querido Dwende, me duele hasta la médula tu ausencia, el terror a no encontrarte, a buscarte de forma enfermiza en cada joven de uniforme, en cada grupo de jóvenes que se cruza en mi camino, en el recorrido que creo que harías hasta tu escuela.

Efectivamente he hecho tantas cosas mal, pero me esfuerzo en mejorar, en entender. Hada también lo sufre y por ambos debo estar lo mejor que pueda. He escarbado entre los huesos tantas veces, buscando respuestas, pero sólo tengo silencios.

Tu número ha cambiado, creí que mis mensajes te llegaban. Otro error más. Por eso he optado por este medio, quizás te acuerdes de esta loca Palomilla y sus letras dirigidas a ustedes, mis faéricos, mis motivos, mi orgullo.

Sigo buscando las respuestas, sigo buscando los recursos necesarios para enfrentarte y poder aprender de esta situación. He oído que estás bien, tu abuela dijo que has crecido un montón y que estás más guapo, además de muy delgado.

Ahora las chicas y yo iniciamos un pequeño huerto, si regresas, seguro te gustará ver lo que hemos sembrado.

Es que la casa está semi desmantelada, demasiado grande para nosotras. Y Parche, sigue haciéndose viejo, ha le flaquean las patas y de pronto deja de comer. Óreo ha crecido, está muy gorda y sigue haciendo esos ruidillos graciosos al correr por la la casa.

Te extraño tanto. A veces imagino que llegas como cada tarde luego de tus paseos a la cancha, o que pides permiso para ir con tus amigos.

Pero nada pasa, y el dolor se ha clavado directamente en la boca de mi estómago, el doctor dijo que debo tomarme las cosas más con calma. ¡Qué sabe él de lo que soy y lo que siento! Sólo me dio medicamento y me dijo que volviera. ¿A qué vuelvo, si sus medicinas o curan esto?

Sólo hay algo bueno en esta historia, es que ambos estamos vivos y creo que si las cosas siguen así, pronto te buscaré y estaré preparada para lo que pase. Sólo tengo una certeza en esta vida, y esa es qué te quiero tal como eres y sigo orgullosa de tí.

¡Aho! Por tí, por Hada, por mí. Debo aprender a confiar en las semillas que planté en ambos y que a pesar de esta prueba tan difícil, debe brotar algo que nos haga crecer.

Legado


frascoFuente de imagen: Internet

Me quedo con la música que lleva mi nombre, con Silence, con tu Vesnamedia y las campanas de Tshina y Luna.

Me quedo con las noches de transhumanismo y la entrada a Nowhere que nació contigo.

Me quedo en el umbral de tu cabaña, mientras Mia contiene las lágrimas una vez más.

Me quedo con todos los hechizos, con las pócimas de tu armario, con las largas caminatas alrededor del lago.

Me quedo con los frascos llenos de esa mezcla espesa y violeta del que salían melodías al destaparlas.

Me quedo con el libro de sombras, que dejaste justo sobre la mesa, junto al ventanal que da al campo de fresas.

Me quedo con el sillón desde donde podía observarte metido entre los libros.

Me quedo con Svetozar a tu lado y tu bicicleta oscura.

Me quedo conmigo y tu legado,

con el azul profundo de tus ojos y la tristeza pegada en tus pupilas,

porque la vida y Ded Moroz, a veces deciden congelarme.