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Musical


La vida es un suspiro, pero tengo la oportunidad de disfrutar mucho la compañía de Tita. Dos largos años pasaron sin que la viera, pero ya hace rato anda por acá.

Ayer fue una tarde muy divertida, porque mientras comíamos, me puse a renegar por las declaraciones de una diputada sobre los tatuajes. Entonces Tita dijo: A mí me gustaba mucho una canción que decía algo así como  “tatuajes de tus besos”

Palomilla: ¿Quiere escucharla?
Tita: ¿A poco la traes ahí?
Palomilla: ¡Claro! (Santutubo)

Comienza a ver el video de la canción y dice: ¡Mira, se parece a Joan Sebastian!

Palomilla: Es Joan Sebastian Tita. ¿Le vuelvo a poner la canción?
Tita: ¡claro!

Así le siguió con las canciones de los Bukis y embelesada veía varias veces cada video, haciendo comentarios como: ¿Verdad que cantan canciones muy bonitas?, ¡Estoy enamorada de todas las canciones de Joan Sebastian!, ¿Ya se murió el cantante?

Al ver uno de los videos varias veces, me fascinó su expresión sorprendida cada vez que la chica del video le daba un garrotazo en la cabeza a un tipo que la acosaba. ¡Mira, le dio en la cabeza bien fuerte! Era ADORABLE

¡Belleza de momento! Quedará grabado en mi memoria.

 

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Del hogar


19. Recuerdos
Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Volver, al silencio sólo interrumpido por las risas, por el canto de los gallos, por el viento que mueve las ramas.

Volver al espacio uterino compartido, a la raíz, al hogar, a la calidez de las manos enjutas, la voz cascada, los pasos lentos.

Verter la vida en esa mirada que se torna gris, pero no se deteriora, al acto de pescar los versos que van soltándose en cada frase.

Es la voz más antigua de mi clan, junto con la voz de sus hijas, sus nietas y bisnietas. ¡Qué placer poder ver la vida de cuatro generaciones compartiendo el pan y la sal!

El latido conjunto, las horas compartidas, el sonido de esas voces que se van sanando, que se cuentan sus vidas, hiladas y también deshiladas de “maromero” y “repulgo”. De risas menudas y pasos ligeros, críos que alegran nuestro encuentro.

Sabores mezclados, sazones heredados, pizcas de especias y hierbas de olor. También la tierra que se va llenando de flores y de sugerencias para que sigan brotando.

Así todas nos volvemos soporte, en este intrincado vaivén de vida, en el que nos ha tocado despedirnos con dolor y recibirnos con alegría, en el que todo ese canto de voces se elevan y nos nutren para avanzar en este nacer y morir.

No conozco otra forma de sanar las heridas abiertas, de verter lágrimas que se vuelvan descanso, de recibir abrazos que nos reconforten aún en el cansancio más agudo.

Soy orgullosamente parte de ese clan y mis pasos van guiados por su sabiduría ancestral.

¡Aho!

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Manos sagradas


plenilunio-jauja 23-01-2015

Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica.

Fui a Jauja, ese viaje siempre es pisar tierra sagrada. Artemisa iluminó nuestro camino, plenilunio perfecto.

Entonces me recibieron sus manos, su voz, su sonrisa, sus pasos lentos, sus ojos grises, su cabello cano. Llenó mis oídos de palabras, de risas.

¡Qué maravilla es verla!

Cada frase, un poema, o como dice ella: una recitación, un recuerdo.

La iba buscando, con la certeza de encontrar la paz que necesito, el abrazo tranquilo, su compañía preciosa.

También tuve el placer de verlas a todas, que son una, en sus diferentes rostros, son las que crían, las que aman, las que alimentan. Me llenan de amor, me abren las puertas de sus existencias, sus dudas, sus confusiones. Son aquelarres donde los recuerdos surgen, donde se comparten los sucesos recientes y donde también se bordan nuevos sueños.

Sus casas huelen a calor, a especias, a alimento no sólo para el cuerpo. Yo quería llorar, reir, cantar y hablar al mismo tiempo. Pero hice lo único que sé hacer, saqué mi libreta y llené las páginas.

Ella tiene los años encima, sus manos se han vuelto como las raíces de una tierra lejana, sus pasos lentos. Pero aún así me inclino ante ella y dejo que sus palabras me devuelvan una vez más al camino que he de seguir.

Y cobijadas de luna regresamos. Hada recostada en mi hombro dice que no quiere volver a casa, que preferiría quedarse allá una temporada. La entiendo, porque pienso igual. Pero hemos dejado atras Jauja con la promesa de volver en otra ocasión, con la promesa de cuidar bien los obsequios de vida que nos otorgaron y de sembrarlos para que se multipliquen.

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Del antes


Me gusta recordar la casa de mis abuelos, el pueblo querido.  Verme de nuevo caminando por ahí entre el olor de la comida, las conversaciones  apagadas, el trajín cotidiano, de un lluvioso verano.

IMG0489AFuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Mi Tita y el abuelo Toribio fueron parteaguas, pareja atípica por no caer en patrones violentos. Toribio era un visionario, qué quería que todos sus hijos e hijas estudiaran. No educó a sus hijas para ser amas de casa, sino que les ofreció elegir una profesión.

Fue un hombre excepcional y sabio. Mis raíces están profundamente unidas a las de ellos. Tita es mi vínculo especial con el todo, el ancla, el punto de partida y también mi punto de retorno.

Quizás por todo eso soy más apegado a esa parte de mi famila, mis raíces fueron enredándose con las de los árboles de duraznos, granados, mandarinas. También me son familiares los sonidos de los animales de granja y el trajín de las casas al amanecer y al atardecer.

Algún día volveré a la tierra, no a la misma, sino una al sur, muy al sur. Plena de agua, libre de este peso citadino que ahora me llena de retos que afrontar.

Quizás estos recuerdos y estas reflexiones se me desbordan a raíz de este camino de aprendizaje, que me lleva a cuestionarme, donde me salta a la vista que mi vida tiene sentido cuando vuelvo a las raíces de lo que soy, el lugar de origen donde mis ancestros descansan y otros aún viven.

Ahora es esta necesidad de saber qué le doy a la vida, para qué y cómo, aunque las respuestas no son muy claras, pero desde que vacié el baúl de los “sihubiera” tengo más que dar, porque he recibido tanto, es que la vida me ha regalado pruebas muy duras, donde junto con los faes he sufrido, donde me decosntruyo y me reconstruyo, donde debo liberar para poder avanzar, donde mis hermanos y mis padres me han regalado lo que han querido y lo han plasmado en hermosas palabras en forma de cartas que me han ayudado en momentos de oscuridad. También he tenido la oportunidad de hacer esos regalos de palabras a los faes y eso me permite seguir avanzando.

Tita y Toribio, me permitieron aprender que la tierra da en abundancia, que sus manos la cultivaron y obtuvieron muchos frutos, uno de esos frutos soy yo. Del antes que conserva la memoria de todo su amor.

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Vuelvo de Jauja


Tita 2015Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Todo sucedió en Jauja en varios pasos:

I

Anoche las manos de las mujeres trabajaron juntas. Cada quien aportó algo delicioso. Alimentaron a todos los presentes. Amo las manos de todas ellas, que se van bordando instantes, no sólo unas a otras, sino en todo lo que tocan.

El reloj gira diferentes y la mesa se va cubriendo con el festín, las risas y las horas se alargan.

Tita ríe, a pesar de sus dificultades, está feliz.

Sus manos ya no preparan nada, sino que recibe la cosecha en toda su abundancia.

II

Las manos de Tita son nudosas, su piel es apenas una capa transparente, sus venas son surcos como los de la tierra.

La voz cascada que ríe, que cuenta historias, que recita, que dice adivinanzas.

Tita, nuestra querida Tita, que se asoma por la puerta, que se queda pensando en su niñez. La que abrazó a su abuelita de la cintura y que cuando tuvo que voler con sus padres decía que en su casa ni el sol alumbraba.

A la que su papá le decía que bajaba la ladera como una “chiva loca”.

Tita de nixtamal, de trigo, de requesón y cuajada. La plena, la del sorbito de café negro y galletas.

Con pasitos demasiado cortos y los dedos inmóviles en el ahora. Tita y su silla de ruedas pero con el ruidito de sus pies arrastrando las pantuflas.

¿Cuánto tardará mi pierna en componerse?

Y los recuerdos de sus casi 100 animalitos de corral y los gatos siempre presentes.

Y yo, enseñándole el jaguar de Tuxtla, la catedral de Morelia, los pastes de Pachuca.

Ella quedó en las fotos de anoche, sus blancos cabellos con sencillos broches y el perfume.

III

Gracias enormes a esa triada de mujeres que ve a los faes como parte de su camada, entre los cachorros y que las tres abren no sólo sus casas sino sus corazones A mi tía J, que no para, es torbellino, es vida y especialmente a la madre de madres, al centro del clan, a la de las manos hacendosas y que ahora recoje abundantes cosechas de cariño: Tita, la matriarca y puntal del clan. Aho hasta todos los confines, por las manos de todas esas mujeres-madres-hijas-hermanas. Mi raza, mi verdadero credo. )O( Bendiciones de Jauja.

Más de Tita:

  1. Viaje a mi pasado
  2. Recuerdos
  3. La casa
  4. Hombres de mi tierra
  5. Volvió a suceder
  6. Abuelo
  7. Mirada al viento
  8. Si el olor se guardara
  9. Recuerdos de Tita
  10. Sabores
  11. De mi tierra
  12. Sorpresivo recuerdo
  13. Desde la tierra de Jauja
  14. Esa querencia por la tierra
  15. Noventa años son un largo camino
  16. Ese polvo de mi tierra
  17. Versos de antaño
  18. Las cosas que me fascinan de Tita
  19. De vuelta al todo
  20. Días para Tita
  21. Vuelvo de Jauja
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Días para Tita


-¿Quién me regaló esta taza, hija? 

-Yo Tita

-Pues yo no sabía malas palabras y ya me estoy enseñando.

taza titaFuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

TITA

Ya casi voy a cumplir 91 años y me ha tocado buena vida, rodeada de casi toda mi familia y sin enfermedad.

-Le digo Tita, que en este aparato de todo nos enteramos. Le digo refiriéndome a las redes sociales donde vimos las fotos de todas las personas que ella quiso.
-Anda hija, no que antes había que esperar la cartita y cuando por fin llegaba, ya había pasado un mes del suceso.

Una vez, cuando estaba chiquilla, una tía de mi abuelita, mando de regalo una caja con aguacates para que los conocieran. El viaje era de varios días a caballo. Así qué puedes imaginarte cómo llegaron los aguacates, eran puros huesos.

Hoy Tita amaneció con ganas de comer menudo. Yo y mis pelmas, arrastrando los pies salgo en pos del almuerzo. Valió la pena cuando llego con la olla y mi Tita dice: ¡Ay hija, que bueno que sí encontraste!

Y mientras almorzamos escuchamos canciones de Pedro Infante

PIEZAS DE INFANCIA

Yo vivía con mi abuelita, cuando mi abuelita murió, lágrimas me costó volver a casa. Dicen que yo decía que en casa de mi mamá, “ni el sol alumbraba”

Mi abuelita era alta y delgadita y ya nomás oscurecía y me agarraba a su cintura, allá me crie con ella cuando estaba muy chiquita.

En la escuela sólo daban hasta tercer año, un maestro para cada grado porque éramos muchos niños. Es que antes no había pastillas para no tener hijos.

Nosotros fuimos muy pobres, pero con hambre nunca estuvimos, descalzos nunca anduvimos, tampoco desnudos. Mi papá era muy responsable y trabajador. Además entonces la tierra daba mucha cosecha, bastante frijol, maíz y teníamos gallinas, vacas, cerdos, borregos y hasta cóconos.

Una vez mi papá tuvo un par de borreguitos, los sacaba todo el día para que se fueran a la laderita. Ya al atardecer les gritaba: “vénganse mis muchachitos” y los borreguitos bajaban corriendo de dónde ya le reconocían su voz.

A mi me gustó siempre tener animalitos, perros, gatos, vacas, caballos, burros, borregos, chivos, puercos, una vez hicieron un censo, y me preguntaron cuántos animales tenía, como no sabía, tuve que contarlos, casi llegue a juntar los 100 animales entre cóconos y gallinas.

Lo que nunca me dio por criar fueron patos.

Un día matamos un cócono. No me lo vas a creer, pero tenía un alambre de esos de colchón atorado en la garganta, nosotros no sabíamos pero ya casi le perforaba la molleja.

CANCIONCITAS Y VERSILLOS

 Tita canta a cada rato. A veces uno o dos versos, a veces canciones completas. También recita de memoria lecciones que aprendió en la primaria. Ayer cantaba:

“Hombre cuando tiene dignidad
Procura sus defectos corregir
Y si ama su bendiga libertad
¿Cómo puede a los vicios sucumbir?”

DICHOS

Tita a cada rato nos lanza un dicho, en mi país los “Dichos” son frases populares, que tienen una enseñanza. No tengo idea si en otros lados sea igual, pero en estos días hubo tres que me gustaron:

-“En un camino largo, una manzana pesa” Porque debe subir la escalera que cada día le cuesta más subir

-“Vámonos que ya ensillaron”

-“El cariño se va a donde él quiere” Mientras escuchamos canciones de Pedro Infante y entre canción y canción dice: Qué bonito cantaba, que bonita melodía.

TitaFuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Y así podemos pasar la vida, Tita recitando, cantando, diciendo adivinanzas y dichos. Ella habla y yo corro por libreta y pluma, para intentar guardar todo lo que ella quiera compartirnos.

 Más de Tita:

  1. Viaje a mi pasado
  2. Recuerdos
  3. La casa
  4. Hombres de mi tierra
  5. Volvió a suceder
  6. Abuelo
  7. Mirada al viento
  8. Si el olor se guardara
  9. Recuerdos de Tita
  10. Sabores
  11. De mi tierra
  12. Sorpresivo recuerdo
  13. Desde la tierra de Jauja
  14. Esa querencia por la tierra
  15. Noventa años son un largo camino
  16. Ese polvo de mi tierra
  17. Versos de antaño
  18. Las cosas que me fascinan de Tita
  19. De vuelta al todo
  20. Días para Tita

 

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De vuelta al todo


“Las mujeres necesitan vivir de vez en cuando en una atmósfera exclusivamente femenina”  

Pinkola, C.

mardi grass

Fuente de imagen: Internet

Entonces me remonto a los años de clan.  Las mesas cubiertas de comida, las risas de la mujeres, bajo las órdenes cariñosas pero firmes de Tita. Ellas son las que saben.

Vuelven las noches de luna y conversaciones hasta la madrugada, los juegos en el patio, el olor a las flores del mandarino, los duraznos, los rosales. La vida bajo nuestros pies.

Así era en todas las casas. Las mujeres amas del mundo, las curanderas, las sabias. Y las luciérnagas al atardecer.

Será que justo es el tiempo en el que se acerca la Semana Santa y que las mujeres grandes se preparan y seleccionan la comida. Tita quiere sopa de pan, mi tía ya busca las ruedas, el chile pasado, los chuales, el queso ranchero, planean hornear el pan para las migas y el harina para maizcrudos.

Las familias que están lejos, se preparan para regresar. Las casas solitarias se llenarán de risas. Irán los pequeños a seguir escuchando las historias que cuentan las piedras, hablarán de los abuelos, del ganado, de la cosecha, del río.

Visitarán las tumbas y desde el panteón podrán ver la fila de álamos que van bordeando el río. Allá sólo se escucha el viento, el crujir de los pasos y los ecos de sus memorias aún vivas.

En la plaza, los recuerdos de los tíos llenarán la banqueta, se escucharán sus discusiones por los juegos de baraja y haremos fila, para que el tío Jorge nos de su bendición.

El Tío Manuel, desde su tienda nos acercará una bandeja con jamoncillos y correremos felices hasta las canchas cerca de la casa del tío Simón, donde estaremos hasta tarde.

Regresarán nuestros pasos, por la calle empolvada y las casas irán encendiendo sus luces. Las personas saldrán a las banquetas y se saludarán unas a otras.

Al pasar por la tienda del tío Juan, los otros tíos estarán jugando al dominó. Y olerá a frutas de cobertura de las galletas betunadas. Atisbaremos por la puerta y estarán los enormes estantes de madera y el mostrador.

Mi tía Carmelita estará sentada afuera, mientras nosotros caminamos hasta casa de Tita.

Ahí, con Tacho, se llenará de luciérnagas y nos entretendremos juntándolas en las manos, hasta que llegue mi abuelo de jugar al dominó y nos diga que ya nos metamos. Platicará de todo lo que hubo en la tarde y de lo que platicó con Juan.

Olerá a café, a frijoles recién cocidos. Escucharemos las charlas de nuestras madres, quienes parece que nunca dejan de tener tema de conversación.

Nos asomaremos a las ollas llenas de leche bronca recién hervida, cubiertas con una gruesa nata que pronto saborearemos, espolvoreada con azúcar en una gran semita.

Le avisaremos a mis tío que ya llegamos. Y desde la puerta del patio se verán las luces de su casa.

Nos sentaremos en las escaleras a platicar. Se escucharán también los mugidos, balidos, gruñidos, ladridos, cacaraqueos, relinchos y hasta el aleteo de los murciélagos.

Estaremos ahí todos, en ese mundo que nunca acaba, que palpita en nosotros, que llevamos en la sangre y nos llama. Nos une esa nostalgia y corremos a refugiarnos en el olvido, metemos las cabezas en el asfalto, pero muy dentro de nosotros suenan todas esas voces que también somos.

Las estrellas les hablarán de la finitud y también de la eternidad. Escucharán los nombres de los nombres y los árboles les servirán de guía.

Habrá entonces abuelas, hijas, tías, madres, primas, nietas, sobrinas. Muchos roles, todas clan, todas bocas, todas pan. Benditas ellas donde estén.

Más de Tita:

  1. Viaje a mi pasado
  2. Recuerdos
  3. La casa
  4. Hombres de mi tierra
  5. Volvió a suceder
  6. Abuelo
  7. Mirada al viento
  8. Si el olor se guardara
  9. Recuerdos de Tita
  10. Sabores
  11. De mi tierra
  12. Sorpresivo recuerdo
  13. Desde la tierra de Jauja
  14. Esa querencia por la tierra
  15. Noventa años son un largo camino
  16. Ese polvo de mi tierra
  17. Versos de antaño
  18. Las cosas que me fascinan de Tita
  19. De vuelta al todo
  20. Días para Tita