Bestiarias

I Encuentro

II Concilio

III Acuerdos

IV Hogueras de Belthane

V Estrellas

VI Elementos

I Encuentro

Fuente de Imagen: Fondos 10

Hela escuchó el sonido de los tambores adentrarse con fuerza hasta las profundidades del Nifflheim. Su corazón latió con fuerza y se preparó para atender el llamado.

Ordenó que avivaran el fuego y que todos estuvieran presentes porque dentro de unos días tendrían visita.

Desde la copa del Yggdrasil los vigías pudieron alcanzaron a ver una polvareda, los relinchos de los corceles a todo galope se acercaban velozmente, sin guía aparente que los guiara. Sólo una estela blanca que se elevaba en el cielo. Una onda gélida los hizo temblar. Algo importante debía estar pasando.

Era momento de celebrar un nuevo aquelarre, los elementales se encargaron abrir suficientes espacios y alejar a las almas condenadas para que las Bestiarias pudieran plantear sus nuevas estrategias.

El eterno desequilibrio entre el Dios y la Diosa hacía que los habitantes de sus regiones se negaran a celebrar las festividades, Ostara había quedado relegada y aún debían prepararse para Beltane.

Hela se apresuró a subir hasta las puertas de Nifflheim, sonrió al ver  la noche de plenilunio, llenó sus pulmones con aire fresco y esperó.

Gaia vibraba intensamente, mezclando su latido con el sonido acompasado del tropel que se acercaba,  una vez más sus hijas estaban a punto de reunirse.

A pocos metros de distancia, los vigías pudieron comprobar que efectivamente, los corceles no iban solos, sobre ellos cuatro hermosas mujeres se materializaron, vistiendo sus trajes de guerreras y fuertemente escoltadas por las Valquirias.

Furia Venti, la Conquistadora del Desierto iba a la cabeza del grupo, la seguían, Valquiria Z, fuerte guerrera de las tierras del Norte, Lady Bathory la de mirada profunda y Alisma la Centinela de Oriente.

Las Valquirias recibieron órdenes de acampar bajo la sombra del Yggdrasil y enviar una notificación hasta las Caballerizas de Mármol sobre el estado de los corceles.

Hela les dio la bienvenida y las condujo a las profundidades de su reino. Descendieron hasta las puertas obscuras y se adentraron en el bosque hasta llegar a los linderos del lago. Un grupo de seres faéricos los estaba esperando en el pequeño muelle donde una barca elaborada con baba de minovaca las condujo al castillo azul.

En la cabaña, al oeste del lago, el Mago preparaba presuroso los morteros, frascos, esencias, plantas y substancias apropiadas para los ritos que se harían esa misma noche.

II Concilio

Fuente de imagen: Digital Blasphemy

Hela descendió de la Barca, pronunciando en un silbido su verdadero nombre, hacía muchos siglos que había dejado de hacerlo.

Respiró liberada de su cuerpo temporal y sintió de nuevo la frescura de la libertad. Estiró las alas y se volvió para darles formalmente la bienvenida a las honorables consejeras que habían vuelto a reunirse.

Cinco siglos habían transcurrido desde la última vez, entonces hubo necesidad de renovar el movimiento sobre la tierra, pues Gaia liberó una gran cantidad de energía pues debía ascender a la siguiente casa y dejó abierto un portal en el centro del lago.

El Hada Azul fue designada como albacea del acceso, pero el tiempo fue marchitando esa luz, los mortales olvidaron la ruta hacia  ese acceso sagrado,  así que tuvo que adoptar la apariencia de Hela y dedicarse a ordenar el Nifflheim, donde las almas permanecían temporalmente hasta que estaban listas para ascender a los castillos de luz.

Una vez que volvió a su esencia primgenia les habló así:

Queridas Furia Venti, Valquiria Z, Nina Bathory, Alisma, todas conquistadoras de la tierra, la noche, mi aliada, me ha llevado por nuevos senderos, sean bienvenidas al Castillo Azul, que mi territorio les sea abundante en sabiduría.

Los elementales las guiarán a sus habitaciones, pues es necesario que descansen luego de su largo recorrido. Las Valquirias, con ayuda de los espíritus de la tierra, custodiarán la entrada del Nifflheim, por lo tanto tenemos tiempo suficiente para los preparativos.

Furia Venti, la Conquistadora del Desierto, se acercó a la anfitriona para  darle a conocer  alarmantes noticias.

-Hemos venido hasta aquí con muchas dudas, pues los corazones de los hombres se han endurecido y ahora los cubren las sombras. Han ocultado a la Diosa y se han olvidado de ella. Pocos son los que la veneran y se encuentran expuestos al valpuleo. Gaia tiembla, por eso debemos abrir el portal y liberar a los arcanos para que limpien y resquebrajen las estructuras arquetípicas que ahora cubren nuestros territorios.

Abrió un pequeño saco que traía atado a su cintura, del cual extrajo un polvo dorado y con él trazó un pentagrama cerrando la entrada del Castillo. Ningún ser podría cruzar hasta que hubiera concluido el concilio.

III Acuerdos

Fuente de imagen: Flickr Concellon

El concilio se celebró la noche siguiente. Furia Venti abrió la reunión con el recuento del daño que los Mercenarios habían hecho en su castillo, había tenido que refugiarse en las mansardas, porque habían saqueado todas las habitaciones, incluso el vitral con el escudo de su familia había sido destrozado.

Valquiria Z informó que no había tenido ni un momento de descanso combatiendo incesante contra los protozoarios que habían llegado a sus tierras, Lady Bathory y Alisma también luchaban, pero contra los Manos de Humo, seres venidos de la tierra caliente sobrevivientes de la matanza de Ur.

La luz del plenilunio iluminaba la planicie, desde donde se encontraban, haciendo aún más brillante  el fuego sagrado. El Hada Azul atrapó una Sílfide y usando el lenguaje antiguo la envió en busca del Mago. Él tenía otras noticias que dar, pero le tomaría tiempo hacer los preparativos.

Avivaron el fuego con el canto a las salamandras, entonces el rostro del licántropo se apoderó de las llamas y un largo aullido se escuchó seguido de un lamento: “Con el hocico hambriento de piel y sangre, cacé cuanto pude. Excitado por el olor a miedo, que cada una de mis víctimas me ofrecía con su último aliento. Desgajando vientres, destazando pechos, mordiendo cuellos, desmembrando brazos”.

Furia Venti intentó recordaba esa voz, que hablaba en el lenguaje de los Taiüruk.

Sacó de su bolso un poco de polvo y lo esparció sobre el fuego, avivando a las salamandras, mientras el Hada Azul invocaba a los Farrallis. Las lenguas de fuego se levantaron haciendo saltar chispas y una ronca voz emergió del fuego pronunciando claramente los nombres de Iödin y Mia.

En la cabaña, el Mago sintió el golpe de frío en su pecho, recordó la última vez que había visto a Lamar. Debía apresurarse, el concilio estaba en pleno pero las nubes habían obscurecido a la luna. El momento se acercaba y debían actuar pronto. Los Manos de Humo estaban por llegar, las Valquirias no serían suficientes para detenerlos.

IV Hogueras de Beltane

Fuente de imagen: Lepanto  5 y 6

El Mago salió presuroso de la cabaña, sabía que la entrada al Castillo estaba protegida y sellada. Así que utilizó los trazos antiguos para abrir el viejo portal, sería arriesgado porque la transmutación podría ser rastreada por los Manos de Humo pero no tenía más opción.

Aún eran visibles los rastros de los Farralis cuando llegó frente a la hoguera. Furia Venti, la Conquistadora del Desierto lo recibió con una reverencia, seguida por Valquiria Z,  Lady Bathory y Alisma.

El rostro del mago estaba marcado por los siglos, tenía las manos tatuadas con la tria prima,  los cuatro elementos y los siete metales.

Ordenó al Hada Azul que aquietara a los Farralis y que subiera inmediatamente a la copa del Yggdrasil para alertar a los vigías y a las Valquirias, le entregó un pergamino con las anotaciones de Basil Valentine y se dirigió a las Bestiarias, quienes mostrando la palma de sus manos fueron invocando cada una a su elemento.

Había pasado una luna desde la celebración del concilio. De todos los reinos llegaban noticias del avance de los Manos de Humo, coludidos con los mercenarios. La destrucción era cada vez más evidente. Era momento de actuar.

El Hada Azul había dispuesto lo necesario para las grandes hogueras. A su lado, el Mago cubría de hechizos el territorio e invocaba a las Hamingjas para que velaran por todos los seres que celebrarían la festividad.

En las profundidades del Nifflheim los tambores resonaban, en el cadencioso ritmo de la vida y de la muerte. Las almas eran arrastradas hacia la obscuridad temporal, pero esa noche, se abría una rendija a la esperanza, los Castillos de luz serían su morada.  Su potente sonido se esparcía por los nueve reinos, poniendo en armonía el universo entero.

En el campamento de las Valquirias, todo estaba listo. Las hogueras despedían aromas florales y los altares rebozaban de ofrendas. Algunas danzaban al ritmo de  la tierra acompañadas del improvisado grupo que acompañaba con flautas, cascabeles y violines.

Furia Venti, Valquiria Z, Lady Bathory y Alisma esperaban junto a la hoguera donde antes celebraron el concilio. El Dios y la Diosa se unirían una vez más, ofreciendo esperanza a todos los seres. Era la noche perfecta para  liberar a los arcanos y ayudar a restablecer el equilibrio.

Así como el Uroboro está destinado a comerse su propia cola, el Mago trazó el círculo con sus complicados símbolos, esparciendo sobre éste el polvo de oro y plata, sol y luna, Dios y Diosa, la unión de Piscis según las indicaciones que el Hada Azul de iba dando conforme el procedimiento.

Las Bestiarias iniciaron la invocación, desde el origen del fuego un delgado halo de luz fue brotando, primero en forma de diminutas chispas blancas, luego se transformó en un caudal brillante.

El Mago les ordenó a las Bestiarias que se acercaran e incertaran la punta de sus espadas dentro de la luz y el Hada Azul hizo lo mismo con su Athame.

Se escuchó un fuerte crujido e intrincados símbolos se fueron dibujando dentro de esa especie de cilindro, el primero que apareció fue El Loco,  parecido a una figurilla de cristal que ascendiendo lentamente hasta crear una bóveda que cubría el jardín.

V Estrellas

Fuente de imagen: Zombie slash

¿Vio usted cuántos centauros cayeron anoche? Sucumbieron guiados por un rastro de estrellas.

Buscaban afanosamente un conciliábulo presidido por las cinco guerreras. Desde hace siglos habían hecho una alianza con las Amazonas.

El mismo Potro Cónsul, desde las Caballerizas de Mármol  los vio galopar rumbo al norte. Los Gnomos dijeron que el suelo se cimbraba a su paso.

Corrían veloces y luego de un chispazo se desvanecían, como heridos de luz. Las estrellas lo saben porque los estuvieron guiando muchos días. Otros seres faéricos escucharon sus llantos relincho en la distancia.

Exigían justicia, les habían arrebatado el báculo y el catalejo.

Los últimos lograron atravesar hace dos días las gélidas estepas. Quedaban muy pocos, fueron dejando relegados a los más jóvenes quienes tuvieron que quedarse cuidando a los que sobrevivieron luego de los chispazos.

Las Bestiarias vieron tras el Loco, el éxodo de los centauros. El mago esparció un polvillo azul sobre el fuego y alcanzó a escuchar el tropel. El suelo comenzó a temblar sobre la bóveda azul.

La hoja del Athame se enrojeció y brillantes chispas comenzaron a brotar del fuego. Luego el silencio, el fuego se apagó en un instante. Las bestiarias confundidas buscaban alguna explicación, pero el Mago tampoco la tenía.

Pero una pequeña línea, muy delgada comenzó a dibujarse trazando un círculo alrededor del lugar donde estuvo encendido el fuego.

VI Elementos

Fuente de imagen: Mikissa

Lejos de ahí,  en la zona de los molinos de viento la Hechizera de Fuego estudiaba los signos de las runas.

Hacía varias noches que tenía un sueño recurrente: Veía un gran árbol con nueve ramas que ascendían hasta perderse en el cielo. Cerca de su base, ardían hogueras y se escuchaban lamentos, seguidos del ruido de corceles, gritos y relinchos. Una lluvia de estrellas brillaba sobre su cabeza.

Entre los restos de la lluvia de estrellas apareció la figura de un ser extraño, tenía largas antenas, unas alas blancas, pero cuerpo de mujer. Se veía atrapada en una manos y tras ella, un rostro de humo abría las fauces para devorarla.

La Hechizera de Fuego consultó el libro rosa, luego el azul, pero ninguno parecía tener la respuesta. Guardó las runas y distraída se dirigió hacia su cuarto donde, entre las hojas de color plateado de la pared, colgaba aquel cuadro donde aparecía una mujer. Al fondo de éste, podía verse una mesita y sobre ella, estaba una bola de vidrio. En su interior se distinguía la forma de un árbol con nueve ramas que alcanzaban la parte superior de la esfera. Ésta estaba engarzada sobre una base de plata que con letras negras decía:

Corrió hasta el viejo armario y sacó la caja que contenía todas las letras. Desplegó el tablero sobre la mesa y lanzó un puñado de letras que formaron estas palabras: Yggdrasil, Nifflheim, Bestiarias.

Luego una pequeña línea, muy delgada comenzó a dibujarse trazando un círculo de fuego, saltaron chispas que tomaron la forma de un listón violeta que la enredó completamente y la arrastró hacia el centro del círculo.

Cuando logró vencer el vértigo se dio cuenta de que se encontraba en medio de un grupo de seres que vestían ropas extrañas y que al verla, sacaron sus armas.

Pero una voz obscura y potente las detuvo pronunciando algunas frases ininteligibles.

Alzó su varita hacia ella y la  cinta violeta desapareció, luego la envolvió en un halo blanco y una pregunta resonó muy profundo dentro de su cabeza: ¿Quién eres?

Platícame que piensas de lo que escribo.

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