Semanario

Sabor a domingoFuente de imagen: Nicoletta Tomas Caravia

Así saben los domingos cuando partes,

el viento sopla silente

abriéndole la puerta a la melancolía.

El vano se hace grande

tanto, que me devora

reduciéndome a una sombra leve.

Caigo en el abismo

con la pesadumbre del grillete,

conformándome con el sabor de un beso,

que se queda impregnado en mis labios.

Veo la luz a través del hueco de mis manos

entre el imaginario reloj de arena

indicando que nuevamente partes.

Supresión de lunes

Fuente de imagen: Nicoletta Tomas Caravia

Se perdió el deseo al sol de mediodía

con las medias ceñidas a los muslos fríos.

Quedó suspendido un suspiro en el aire

tímido, sonrojado

por saberse atrapado de imprevisto.

El hato de camisa sobre el suelo,

olor a mandarinas maduras,

la premura de un tiempo que vuela.

Esa larga espera,

pasmo enmedio de una muchedumbre,

soledad circunstancial,

efímero recuerdo.

Acantilado de martes

Veo los primeros rayos de sol

perderse en el abismo infinitesimal

de una pupila dilatada.

El filo de la cama parece tan profundo,

como un agujero negro en el espacio,

el hueco de una boca hambrienta.

Salto hacia la sombra,

un desliz seco, frío, largo,

caigo en el mundo.

Me han parido una vez más,

arrojada sin contemplaciones

escucho mi llanto.

Arrastro el cuerpo por el suelo

vuelvo del cieno,

buscando de nuevo esa rendija.

Siento el cuerpo aterido

despierto hecha ovillo

sobre un suelo imposible de pisar.

Amanecer de miércoles

Amanecí con la sonrisa de haberte soñado

acurrucado entre mis brazos,

adormecido con el eco distante de mi corazón.

Quise abrazarte,

pegarme a la tibieza de tu cuerpo,

escuchar tus palabras somnolientas.

Cubrí mi deseo con las sábanas,

mientras esperaba paciente,

el milagro de tus besos.

Soñaba solitaria,

en esa cama demasiado grande,

abandonada.

Dolor de jueves

Parece que estalla

las esquirlas saltan

el monótono vaivén

no cesa.

Cae la tarde

me pierdo en el horizonte

quiero llegar,

sentir que el corazón aún late,

sin la rabia oculta.

La quijada se tensa,

quiere a toda costa volverse sonrisa,

una risa hueca brota.

Es tarde,

demasiado tarde.

Lejanía de viernes

Rojo se va tiñendo el cielo,

el mundo se despereza

saca su gruesa cobija,

se cubre del frío.

La nariz y las manos heladas,

de kilómetros azules,

alejada de el terreno que le es propio.

Se le ha borrado la sonrisa

sus pasos se vuelven lentos.

Anhela una almohada mullida,

un abrazo en la noche,

se ha agotado.

Redención de sábado

Las primeras horas de un día que debió vivirse,

se convierten en refugio obscuro,

no basta la evasión mediática.

Espera paciente, minuto a minuto,

sabe que habrá recompensa,

bien ha valido la pena terminar un ciclo.

La reja se abre,

es asaltada por una calidez sorpresiva.

Amanece,

se cubre de besos,

entre la tibieza perezosa de la mañana.

Se niega a dejar la comodidad,

ha anidado perfectamente en esos brazos.

Respira, sonríe,

sigue viva.

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