Publicado en Ars

Venas musicales


“Las palabras son como el vino: precisan de reposo y tiempo para que el  terciopelo de la voz entregue su sabor definitivo”

Sepúlveda, L.

Existen instantes, donde la vida se vuelve perpendicular entre tantos mundos paralelos.

Esperas paciente en una larga fila, mientras el tiempo avanza despacio, es el momento en el que controlas la adrenalina porque sabes que al cruzar el umbral, se abrirá un mundo abarrotado de espectros, me vuelvo uno de ellos. Luego te topas con personas que hace rato que no veías y la espera se vuelve más amena, especialmente si es una hermosa bruja y de pronto también aparece el Nigromante, que desde hace poco ha resucitado.

Por fin, llega la hora, la emoción y mucho que disfrutar. Los primeros acordes siempre desatan la garganta, el cuerpo se mueve como lanzado por un resorte y el sonido entra por mi cuerpa, como una descarga eléctrica.

Cada sonido, cada melodía, cada salto, cada trago de cerveza se vuelven instantes que perduran. Hace años habíamos ido juntos y se nos vuelve a presentar la oportunidad, es genial ver crecer a quien uno quiere y también que tengan la confianza de acompañarme. Es que todos debemos tener en la vida una abuela alcahueta y una tía loca, por fortuna me toca lo último.

Hace un par de meses, en otro lugar, mi hermana y yo también nos desgañitamos, saltamos y nos volvimos ecos en la multitud, en ese compartir momentos, porque de eso va la vida. No importó la camisa de fuerza, el estallido de acordes, sino las voces que nos hicieron saltar hasta la afonía y la sordera.

Lo intersante esta última ocasión, fue la mezcla de la música, el chocolate obscuro y la locura de la distancia en la noche, de la búsqueda de la oxitocina, del beso estallido a media noche.

Por lo pronto, seguiré cazando noches de música y de grata compañía.

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Publicado en Cuenterías

Melancolía, atardece


dali7Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Es el tiempo de recibir una nueva oleada de viento fresco, la tarde lluviosa hace que el viento se cuele por la casa, haciendo sonar las campanillas y refrescando.

Eso me permite descubrir que con el tiempo voy desentrañando la ciencia de tus manos. Especialmente esta tarde, cuando la melancolía se adhiere como molusco justo en mi plexo solar, con sus ventosas succionando tenazmente las emociones estancadas.

Al verme al espejo, también descubrí que tengo un beso, brotándome justo en medio de los labios. Tengo el presentimiento de que se quedó pegado aquella mañana, cuando te despediste apenas entre sueños. Alcancé a escuchar la puerta cerrándose y pensé en las veces que hice lo mismo. Desaparecí.

Puede ser que el hecho de salir a hurtadillas, dejándote tantas veces dormido, se haya vuelto hacia mí. Es como perpetuar un sentimiento cálido, conservado entre dos mundos, mientras, afuera, el resto de los mortales se desperezan.

A veces, no puedo evitar sentir el absurdo, mientras la razón me reprende, pero, hay cosas que la razón deja fuera, es ese el espacio justo en donde habita tu recuerdo, que se ha ido construyendo de instantes, atemporales, inconexos. Acabamos siendo nada el uno para el otro, pero a la vez, con toda la paradoja que ésto representa, somos un todo.

Lo mínimo que nos debemos a nosotros mismos, es la congruencia.

Publicado en Reflexiones de la Palomilla

A fuego lento: prepararte


Lo más seductor de un hombre es su manera de cocinar.

capirotadaFuente de imagen: Palomilla Apocatastásica.

Es sexista pensar que las mujeres son mejores cocinando, es que he de confesar que me derrite ver a un hombre desplegando sus artes culinarias. Ver esas manazas escogiendo delicadamente los ingredientes, tomándose el tiempo necesario para analizar las especias y las hierbas de olor. Olisqueando el pescado, el pollo, soliciando el corte de carne adecuado. Mezclando los cereales dándoles perfecta y redonda forma, o agregándoles los ingredientes precisos para que lleguen a punto.

El olor de los aceites en la sartén, el burbujeo de las salsas hirviendo, el agua con laurel. El orégano abundante sobre la pasta. Es increíble cómo todo va tomando forma mientras una sólo se vuelve pinche.

Observar en silencio el proceso que lleva como resultado las bebidas frescas y un toque de besos con sabor a hierbabuena. El ron de coco, tequila o tinto. El tinto marinando la carne para una lasagna.

Es delicioso ser observador de la preparación, ser testigo de la maestría en la utilización de los utensilios y cómo van surgiendo los alimentos hasta quedar perfectamente emplatados. Un chocoflán con cajeta que aparece mágicamente del horno, unos exóticos pan cakes.

Si esas manos pueden macerar, freír, acitronar, batir, hornear, cortar, sellar. Cabe la posibilidad de que el plato fuerte sea un…

manjar.

Bon apetit

Publicado en Apocatástasis

Inexplicable


Aún no encuentro las palabras adecuadas para explicarlo.

morfeoFuente de imagen: El taller flotante

Mis dedos barbechan lentamente tu cuerpo

campo necesitado de siembra,

ansioso de volver a convertirse en surcos

ser espacio de brotes.

¡Qué hay sino besos semilla!

Voy hundiéndome en tí,

moldeando las líneas, aprendo,

a ser el filo que rompe tu estructura.

Luego soplo despacio,

en cada herida,

volviéndola fecunda.

Cicatrices fértiles.

Publicado en Cuenterías

Naves de mi insomnio


mens dormiens

Fuente de imagen: Vladimir Kush

 Se me escurrieron los besos por tus ojos, hasta dejarte dormido. El mundo afuera es un mito mientras jugamos entre sueños.

Eran sus manos líneas y mi cuerpo territorio. Trazamos mapas sobre lienzos blandos y nos volvimos, mar, montaña, valle, río.

Es la sal, el gusto preciso del momento en que nos despedimos una vez mas. Cerramos los ojos y corremos hacia nuestros propios deltas. Desde ahí, seguiremos engañando al destino. Tu alas, yo raíz, tu explorador, yo mulher, bruixa, deusa.

Publicado en Apocatástasis

Sonidos nocturnos


lady_in_red_by_godlike86Lady in red by Godlike

Fuente de imagen: My modern met

Llega tu recuerdo,

con las primeras notas,

es Ella y su tesitura

suave.

Tu beso nocturno,

el sonido del vino

vertido en los labios,

el suelo frío.

Tu cuello,

abriéndose al encanto,

de la lengua viperina,

enredando sonidos.

Frank en la luna,

 Júpiter,

Marte,

el ritmo pausado,

el beso marcando el compás.

Las manos descifrando

el punto justo,

el ritmo escrito

en una partitura olvidada

hasta hoy.