Desértico


Estoy fuera, con un montón de datos que debo recolectar, una serie de actividades que se suceden sin tregua y andares que me alejan unos días de mi tierra.

De desierto a desierto, hermanados. Con esas tierras blancas pobladas de cactáceas y ese calor que se clava en la piel, inclemente.

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

A veces, cuando estoy en situaciones similares, me sorprendo. Es increíble la forma en la que me es permitido ir y venir, conocer nuevas personas, entrar a sus espacios, conocer sus actividades. Espero que aún me queden muchos sitios así por recorrer, muchas más invitaciones que aceptar.

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Luego de una jornada completa, es preciso alzar los pies y dibujar nuevos caminos. Dejo que los edificios me hablen, hace un lustro que estuve aquí, pero hay sensaciones que perduran.

Encontrarme de nuevo con esos arcos arabezcos, tan únicos. Adentrarme en ese edificio de piedra rosa con el altorrelieve que me cuenta la historia del lugar, con ese danzante que lleva en su cabeza un tocado de venado, grandes astas. Como recuerdo de aquellos ancestros celtas y su símbolo venerable.

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica.

Ahora, la oportunidad del enfrentamiento con la lluvia de caracolas, en ese espacio tan lleno de luz,  con amplias salas llenas de cuadros, esculturas, instalaciones. Ese acercamiento con las artes que siempre nutre, que me inunda de sensaciones que debieran perdurar, pero que sé efímeras, por lo tanto disfrutables.

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

El contraste en el Diamondstar donde la oscuridad, el silencio y esos pequeños destellos, me conmovieron, dejándome absorta en mi propio mundo. Por instantes desee cruzar esa umbral y perderme para siempre en él. Punto de no retorno.

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica.     Instalación sonora en bucle 24 hrs.

También hay un lugar en el que el alfabeto sale de su estado bidimensional para hacerse trangible de nuevas formas. Todo el equilibrio y la concepción de un lenguaje nuevo, de letras convertidas en figuras amplias, matemáticas, minimalistas. Abriendo las posibilidades a frases nuevas, que poco a poco deberán ser descifradas.

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Así también llega el momento en que los muros se convierten en lugares coloridos, donde las imágenes me nutren las pupilas. Donde las aves y los reptiles conviven. Una Casiopea me alegra la noche y me hace recordar la importancia del tiempo.

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica. Descubrimiento de una Casiopea desértica.

Pero como siempre, es momento de volver, quizás cansada por los cambios, las noches, los horarios, el quehacer. Pero viva, tan viva que llevo el sabor de las coyotas con un rico café, para compartir.

 

 

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Los del 2017


“Y esa palabra creció tanto entre sus manos que se les escapó inevitablemente entre los dedos”

Ruy, A.

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Va que no había puesto nada, porque fue un año atípico. Curiosamente leí menos, pero fui mas selectiva. Inicié el año con varios textos que van avanzados, unos más, otros menos. No significa que el número de textos sea mejor o peor, sólo significa que este año tiene más oportunidades de seguir hurgando entre los estantes de la biblioteca y de las librerías, para cazar letras y letras que me lleven a descubrir nuevos horizontes, o como pasó este año, a buscar nuevas metas.

Comparto éstos, que fueron pocos, pero todos me dejaron algún aprendizaje.

  1. Los años sabandija / Velazco, X.
  2. El infinito en la palma de la mano / Belli. G.
  3. Historia de un perro llamado Leal / Sepúlveda, L.
  4. Hacia un buen envejecer / Zarebski, G.
  5. El mensaje de las lágrimas / Payás, A.
  6. Feminismo para principiantes / Varela, N.
  7. El jardinero fiel / Pinkola, C.
  8. Secretos de una mujer casada  / Ayers, J.
  9. Mujer que piensa / Herrera, C.
  10. Viajeros en tránsito / Herraso, I.
  11. En busca del útero perdido / Rodríguez, P.
  12. Los jardines secretos de Mogador / Ruy, A.
  13. El ejecutivo al minuto: nuevas técnicas de dirección. / Blanchard, J.; Johnson, S.
  14. Querido dinero: ¡Te odio y te quiero! Guía para llevarte mejor con tus finanzas / Cárdenas, R.; Mastropiero, M.; Romo, M.; Ruiz, F.
  15. Piense y hágase rico. Para mujeres. / Lechter, S.
  16. Cuentos para pensar / Bucay, J.
  17. Hábitos de ricos / Gómez, J.

Los del 2011

Los del 2012

Los del 2013

Los del 2014

Los del 2015

Los del 2016

Uno mas


La ciudad de los pozos

5. Nubes

Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Esa ciudad no estaba habitada por personas, como todas las demás ciudades del planeta.

Esa ciudad estaba habitada por pozos. Pozos vivientes… pero pozos al fin.

Los pozos se diferenciaban entre sí, no sólo por el lugar en el que estaban excavados, sino también por el brocal (la abertura que los conectaba con el exterior).

Había pozos pudientes y ostentosos con brocales de mármol y de metales preciosos; pozos humildes de ladrillo y madera y algunos otros más pobres, simples agujeros pelados que se abrían en la tierra.

La comunicación entre los habitantes de la ciudad era de brocal a brocal y las noticias cundían rápidamente, de punta a punta del poblado.

Un día llegó a la ciudad una “moda” que seguramente había nacido en algún pueblito humano.

La nueva idea señalaba que todo ser viviente que se preciara de serlo debería cuidar mucho más lo interior que lo exterior. Lo importante no era lo superficial sino el contenido.

Así fue como los pozos empezaron a llenarse de cosas.

Algunos se llenaban de joyas, monedas de oro y piedras preciosas. Otros, más prácticos, se llenaron de electrodomésticos y aparatos mecánicos. Algunos más, optaron por el arte, y fueron llenándose de pinturas, pianos de cola y sofisticadas esculturas posmodernas. Finalmente, los intelectuales se llenaron de libros, de manifiestos ideológicos y de revistas especializadas.

Pasó el tiempo.

La mayoría de los pozos se llenaron a tal punto que ya no pudieron incorporar nada más.

Los pozos no eran todos iguales, así que, si bien algunos se conformaron, hubo otros que pensaron que debían hacer algo para seguir metiendo cosas en su interior…

Alguno de ellos fue el primero: en lugar de apretar el contenido, se le ocurrió aumentar su capacidad ensanchándose.

No pasó mucho tiempo antes de que la idea fuera imitada, todos los pozos gastaban gran parte de sus energías en ensancharse para poder hacer más espacio en su interior.

Un pozo, pequeño y alejado del centro de la ciudad, empezó a ver a sus camaradas ensanchándose desmedidamente. Él pensó que si seguían hinchándose de tal manera, pronto se confundirían los bordes y cada uno perdería su identidad…

Quizá a partir de esta idea se le ocurrió que otra manera de aumentar su capacidad era crecer, pero no a lo ancho, sino hacia lo profundo. Hacerse más hondo en lugar de más ancho. Pronto se dio cuenta de que todo lo que tenía dentro de él le imposibilitaba la tarea de profundizar. Si quería ser más profundo debía vaciarse de todo contenido…

Al principio tuvo miedo al vacío, pero luego, cuando vio que no había otra posibilidad, lo hizo.

Vacío de posesiones, el pozo empezó a volverse profundo, mientras los demás se apoderaban de las cosas de las que él se había deshecho…

Un día, sorpresivamente, el pozo que crecía hacia adentro tuvo una sorpresa: ¡Adentro, muy adentro y  muy en el fondo encontró agua!

Nunca antes otro pozo había encontrado agua…

El pozo superó la sorpresa y empezó a jugar con el agua del fondo, humedeciendo las paredes, salpicando los bordes y, por último, sacando agua.

La ciudad nunca había sido regada más que por la lluvia, que de hecho era bastante escasa, así que la tierra alrededor del pozo, revitalizada por el agua, empezó a despertar.

Las semillas de sus entrañas brotaron en pasto, en tréboles, en flores, y en tronquitos endebles que se volvieron árboles después…

La vida explotó en colores alrededor del alejado pozo al que empezaron a llamar “El Vergel”.

Todos le preguntaban cómo había conseguido el milagro.

-Ningún milagro – contestaba el Vergel -, hay que buscar en el interior, hacia lo profundo…

Muchos quisieron seguir el ejemplo del Vergel, pero desandaron la idea cuando se dieron cuenta de que para ir más profundo debían vaciarse. Siguieron ensanchándose cada vez más para llenarse de más y más cosas…

En la otra punta de la ciudad otro pozo, decidió correr también el riesgo del vacío…

Y también empezó a profundizar…

Y también llegó al agua…

Y también salpicó hacia afuera creando un segundo oasis verde en el pueblo…

-¿Qué harás cuando se termine el agua? – le preguntaban.

-No sé lo que pasará – contestaba. Pero, por ahora, cuanto más agua saco, más agua hay.

Pasaron  unos cuantos meses antes del gran descubrimiento.

Un día, casi por casualidad, los dos pozos se dieron cuenta de que el agua que habían encontrado en el fondo de sí mismos era la misma…

Que el mismo río subterráneo que pasaba por uno inundaba la profundidad del otro.

Se dieron cuenta de que se abría para ellos una nueva vida.

No sólo podían comunicarse, de brocal a brocal, superficialmente, como todos los demás, sino que la búsqueda les había deparado un nuevo y secreto punto de contacto:

La comunicación profunda que sólo consiguen entre sí, aquellos que tienen el valor de vaciarse de contenidos y buscar en lo profundo de su ser lo que tienen para dar…

Bucay, J. (2004) La ciudad de los pozos. En: Cuentos para pensar. (p 103)

Ciclos vivenciales


Me he topado con este pequeño texto de Jorge Bucay, que me pareció importante para meditarlo largamente con muchas tazas de café.

Ha nacido hoy de madrugada

viví mi niñez esta mañana

y sobre mediodía

ya transitaba mi adolescencia.

Y no es que me asuste

que el tiempo se me pase tan aprisa

solo me inquieta un poco pensar

que tal vez mañana

yo sea

demasiado viejo

para hacer lo que he dejado pendiente.

Profesión


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Fuente de imagen: Internet

Soy bibliotecaria, y mi trabajo es tan digno y tan profesional como las demás profesiones, requere años de estudio y adquisición de competencias cada vez más específicas para hacer frente a una cantidad estratosférica de información a la que nos enfrentamos y que cada vez nos infoxica más.

“El bibliotecario no es visto como un profesional (no reúne todas las condiciones), no se lo considera un científico (no está respaldado por una disciplina nacida y construida como ciencia), tampoco se lo ve como un obrero (su actividad es “no manual”, aunque generalmente es asalariado). Su identidad es difusa y cambiante.”

Roggau, Z. (2006). Los bibliotecarios, el estereotipo y la comunidad.

Lamentablemente es una profesión poco reconocida y valorada en Latinoamérica, a veces hasta por los mismos colegas. Las pésimas prácticas en la educación, hacen ver a las bibliotecas escolares como zonas de castigo y como espacios aburridos, así que cuando los estudiantes llegan a las instituciones de educación superior, su rechazo hacia la biblioteca es mucho. Las bibliotecas públicas ofrecen alternativas de actividades, pero el nulo apoyo de las autoridades y la falta de profesionalización del personal, en ocasiones hace que estén en el olvido.

Otro factor que es lamentable, es el hecho de que a pesar de que existen programas educativos en Ciencias de la Información, Bibliotecología, Gestión del Conocimiento y otros similares, los jóvenes no quieren estudiar en ellos, incluso aunque las instituciones tengan preparatorias y difundan entre los estudiantes de educación media superior estos programas.

Es una extraña paradoja, ya que existe cada vez mayor información, que se multiplica de forma exponencial en diversos formatos, donde se habla de una sociedad de la información, donde los individuos acceden a redes de forma continua (no todos, hay que recordar la brecha digital), donde los 17 objetivos de desarrollo sostenible de la ONU, incluyen la información como una estrategia para hacer frente a los cambios.

Así, entre este marasmo que a veces nos aqueja, donde vemos bibliotecas pequeñas en las que las instituciones  invierten, donde el personal solicita capacitación y no la obtiene, viene la frustración y la impotencia por no poder contribuir un poco más al desarrollo bibliotecario de nuestro país.

Pero, los que tuvimos el privilegio de ser profesionistas en ésta área, tenemos el deber de apoyar, desde nuestras trincheras, a esos espacios que a veces me parecen plastilina en las manos, por el área de oportunidad tan grande que se ve en ellas.

Esta profesión me ha permitido conocer bibliotecas en mi país, desde las enormes bibliotecas públicas, hasta las pequeñitas que apenas son un germinal, que tienen necesidades diferentes y dinámicas diferentes. Además de apoyar a colegas que también están buscando una mejora en sus instituciones, desde los investigadores en el área, hasta el personal que diariamente debe hacer todas las actividades, porque está solo atendiendo la biblioteca.

Es curioso pero, a veces es necesario volver a lo básico, a las actividades más elementales de las bibliotecas para volver a tomar el camino que se nos ha perdido por estar desde la cumbre, viendo un horizonte que no podemos alcanzar si no bajamos. ¡Aho por el aprendizaje de esta semana!