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Profesión


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Soy bibliotecaria, y mi trabajo es tan digno y tan profesional como las demás profesiones, requere años de estudio y adquisición de competencias cada vez más específicas para hacer frente a una cantidad estratosférica de información a la que nos enfrentamos y que cada vez nos infoxica más.

“El bibliotecario no es visto como un profesional (no reúne todas las condiciones), no se lo considera un científico (no está respaldado por una disciplina nacida y construida como ciencia), tampoco se lo ve como un obrero (su actividad es “no manual”, aunque generalmente es asalariado). Su identidad es difusa y cambiante.”

Roggau, Z. (2006). Los bibliotecarios, el estereotipo y la comunidad.

Lamentablemente es una profesión poco reconocida y valorada en Latinoamérica, a veces hasta por los mismos colegas. Las pésimas prácticas en la educación, hacen ver a las bibliotecas escolares como zonas de castigo y como espacios aburridos, así que cuando los estudiantes llegan a las instituciones de educación superior, su rechazo hacia la biblioteca es mucho. Las bibliotecas públicas ofrecen alternativas de actividades, pero el nulo apoyo de las autoridades y la falta de profesionalización del personal, en ocasiones hace que estén en el olvido.

Otro factor que es lamentable, es el hecho de que a pesar de que existen programas educativos en Ciencias de la Información, Bibliotecología, Gestión del Conocimiento y otros similares, los jóvenes no quieren estudiar en ellos, incluso aunque las instituciones tengan preparatorias y difundan entre los estudiantes de educación media superior estos programas.

Es una extraña paradoja, ya que existe cada vez mayor información, que se multiplica de forma exponencial en diversos formatos, donde se habla de una sociedad de la información, donde los individuos acceden a redes de forma continua (no todos, hay que recordar la brecha digital), donde los 17 objetivos de desarrollo sostenible de la ONU, incluyen la información como una estrategia para hacer frente a los cambios.

Así, entre este marasmo que a veces nos aqueja, donde vemos bibliotecas pequeñas en las que las instituciones  invierten, donde el personal solicita capacitación y no la obtiene, viene la frustración y la impotencia por no poder contribuir un poco más al desarrollo bibliotecario de nuestro país.

Pero, los que tuvimos el privilegio de ser profesionistas en ésta área, tenemos el deber de apoyar, desde nuestras trincheras, a esos espacios que a veces me parecen plastilina en las manos, por el área de oportunidad tan grande que se ve en ellas.

Esta profesión me ha permitido conocer bibliotecas en mi país, desde las enormes bibliotecas públicas, hasta las pequeñitas que apenas son un germinal, que tienen necesidades diferentes y dinámicas diferentes. Además de apoyar a colegas que también están buscando una mejora en sus instituciones, desde los investigadores en el área, hasta el personal que diariamente debe hacer todas las actividades, porque está solo atendiendo la biblioteca.

Es curioso pero, a veces es necesario volver a lo básico, a las actividades más elementales de las bibliotecas para volver a tomar el camino que se nos ha perdido por estar desde la cumbre, viendo un horizonte que no podemos alcanzar si no bajamos. ¡Aho por el aprendizaje de esta semana!

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Consciencia


En este mundo extraño, es frustrante ver que la preparación queda relegada a un segundo plano. Que la elección de candidatos a ocupar puestos en las organizaciones está más ligado a los parentezcos y favoritismos que a las competencias.

Que la mediocridad está a la orden del día y que la en poco tiempo se pueden desarticular años de esfuerzo compartido. Que tener una visión amplia es un obstáculo cuando lo que se busca es controlar y aprovecharse de los demás.

Entonces uno se pregunta si vale la pena seguir adelante en un proyecto en el que se ha trabajado desde el inicio, que se ha ido adaptando de acuerdo a las necesidades y que ha sido fruto de mucho trabajo.

Lo que nos enseñan estos hechos es ¿De qué sirve hacer bien las cosas, si los esfuerzos no valen la pena? De qué sirven los valores institucionales si quedan estáticos, como si sólo fuesen enunciados vacíos.

¿Dónde quedaron entonces los incentivos que nos permiten permanecer activos en las instituciones?

También esos son aprendizajes, sucesos que nos llevan a tomar decisiones. Puertas nuevas se irán abriendo, mientras todo lo demás es turbio.

¡Aho! Luz y sabiduría. Porque aprendí lo que definitivamente no quiero ser y a quien no me gustaría llegar a parecerme.

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Vagares


No cabe duda, que la vida nos lleva a lugares a los que no hubieramos siquiera imaginado. Total que acaba uno al abrigo de un laurel de la India, intentando reestructurar las ideas y dándoles un nuevo sentido.

Trabajar intensamente con un grupo tan diverso, nos permite ver todo lo que nos falta por andar.

También el ludismo, como una forma de lograr aprendizajes más significativos que activan múltiples inteligencias.

A veces el academicismo suele entorpecer más que incentivar. Por lo que motivada luego de este mes que ha intensificado mis actividades, dejaré que todo lo que sembré, comience a echar brotes en febrero.

Fuente de imágenes: Palomilla Apocatastásica

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Los del 2016


“El guardián de la gran biblioteca subterránea de Mogador”

Ruy, A.

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Más y más letras, espacios, mundos, amores, desamores, tristezas, alegrías, encuentros. Entre la muerte que nos habla bajito al oído, hasta la enorme biblioteca donde Kvothe entra a hurtadillas. Entre jardines secretos de flores palpitantes, hasta el encuentro con mujeres que se curan y pequeños con un reloj de cuco sustituto de corazón.

El año entre las páginas pasó volando, a veces lento, otras vertiginosamente como en un tirabuzón de ideas que buscaban desesperadamente cabida en mi cerebro. Y como cada año, aquí la lista de los que me acompañaron, en cualquier sitio posible, quizás también en algunos “no lugares”

  1. Sofía: Aspectos de lo divino femenino. / Schaup, S.
  2. Aprender de la pérdida: una guía para afrontar el duelo. / Neimeyer, R.
  3. La música del silencio. / Rothfuss, P.
  4. Viajar por la vida. / Pérez, G.
  5. Como curar un corazón roto: ideas para sanar la aflicción y la pérdida. / Pérez, G.
  6. Un adiós en armonía: una invitación para aceptar la muerte y abrazar la vida. / Álvarez, A.; Cerón, E.
  7. El nombre del viento / Rothfuss, P.
  8. Perder, sufrir y seguir el proceso de duelo / Grau, J.; García, C.; Vargas, E.
  9. El temor de un hombre sabio / Rothfuss, P.
  10. Hasta siempre mujercitas / Serrano, M.
  11. Los gatos guerreros: La nueva profesía. Aurora / Hunter, E.
  12.  El albergue de las mujeres tristes / Serrano, M.
  13. ¿Eutanasia o autanasia? Por una muerte digna /Rodríguez, M.
  14. Breve historia de la brujería / Callejo, J.
  15. El club de los suicidas / Stevenson, R.
  16. Conferencias. Morir es de vital importancia / Kübler-Ross, E.
  17. La tumba / Agustín, J.
  18. Crimen en directo / Lackberg, C.
  19. La mecánica del corazón / Malzieu, M.
  20. Introducción a la lectura y su promoción en la biblioteca pública / Palacios, B.
  21. La rueda de la vida / Kübler-Ross, E.
  22. Diario de un vampiro en pijama / Malzieu, M.
  23. Belleza negra / Sewell, A.
  24. La alargada sombra del amor / Malzieu, M.
  25. La muerte un amanecer / Kübler-Ross, E.
  26. El murmullo de las abejas / Segovia, S.
  27. La caída de los gigantes / Follett, K.
  28. La caza del carnero salvaje / Murakami, H.
  29. Metamorfosis en el cielo / Malzieu, M.

También podés ver:

Los del 2011

Los del 2012

Los del 2013

Los del 2014

Los del 2015

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Si pudieran contarme


Cada semestre, mis alumnos se vuelven depositarios de mi colección particular de libros. Siempre es un riesgo que me hace dudar si no será una práctica adecuada.

Cada mes, veo cómo se van uno a uno, a veces los seleccionan todo el semestre, otros vuelven desde el primer mes a casa y también están los que nunca vuelven.

Este semestre la pérdida más sentida fue de “Para que no me olvides” de Marcela Serrano, que se llevó un alumno que lamentablemente falleció. Una doble pérdida, pues nunca antes había perdido alumnos por fallecimiento.

Eso de ser bibliotecóloga y enseñar bibliotecología es todo un suceso. Soy privilegiada. Es la oportunidad de dejar que los jóvenes descubran por sí mismos, si les gustaría entrar a este mundo de aventuras que son las bibliotecas.

Es ahí cuando quisiera que mis libros hablaran de otra forma, y que al volver a su estante en casa me contaran cómo los trataron, qué expresiones hacían sus lectores. Si los botaron a la primera página o qué pasó cuando conmovieron. Si los cargaron en sus mochilas o los tenían en algún buró. Si los leían de noche, o de día. Acompañados de una taza humeante de café o sólo bajo la luz de alguna lámpara.

Sin embargo cosas como estos pequeños detalles me permiten saber que algo estoy haciendo bien:

“Solo quiero agradecerle maestra por habernos enseñado tanto y habernos aguantado tanto espero y pase unas felices fiestas la quiere su alumno favorito R”

“Nota: Maestra no cabe más que decir que realmente nos dio otra visión a lo que es una biblioteca, además me gustaría llegar a encontrar una carrera donde verdaderamente me apasioné lo que hago como usted lo hace con su trabajo, de ante mano muchas gracias por los nuevos aprendizajes que nos dio, me gustaron mucho las frases que ponía antes de comenzar la clase”

Me siento pavorreal.

¡Soy bibliotecaria!

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Fuente de imagen: Palomila Apocatastásica
Publicado en Apocatástasis, Bibliotecaria

Arrieros somos


“Si bien este mecanismo proviene de un paradigma humanístico, en el contexto actual donde la biblioteca es una necesidad social que exige profesionales con capacidad para gestionar instituciones, con habilidades comunicacionales, con formación tecnológica, entre otras, el prestigio sigue recayendo en la actividad que eligió en primera instancia”

Roggau, Z.

Hoy se celebra el día Nacional del Libro y del bibliotecario en mi país. Una labor que aún es vista como técnica o no lo suficientemente profesional. Triste error, porque venimos acarreando un paradigma bastante estático y nada coherente con nuestra realidad.

Hay teóricos en diversas disciplinas que afirman que vivimos en una Sociedad de la Información (iniciando con Castell, quien tomó esta idea de Toffler), entonces el bibliotecario se vuelve una pieza clave en este mundo donde el insumo de la información es cada vez más abundante y donde las tecnologías de la información y la comunicación avanzan a pasos inalcanzables.

Soy afortunada y estoy orgullosa de ser bibliotecaria, además estoy convencida de la importancia de nuestra labor social, cultural y docente como bibliotecarios. Si bien el paradigma académico es rígido (aún cuando insistan en la flexibilidad), poco a poco nos hemos colocado en una posición en la que somos más visibles.

Aún cuando eso dependa de nosotros, incidir en la toma de decisiones a través de proporcionar servicios de información oportuna, o información adecuada para las necesidades no sólo de los usuarios, sino de los administrativos, nos permite hacerles ver que el hecho de considerar que sólo prestamos libros, es una falacia.

A nivel nacional somos pocos los que optamos por esta profesión, además son únicamente 5 instituciones que ofrecen programas académicos para ello.

Dignificar nuestra profesión está en nosotros mismos, y no debemos permitir que en nuestros centros de trabajo imperten esas prácticas nocivas de utilizar las bibliotecas como espacios de castigo, como suele suceder en nivel medio y medio superior, tampoco como un lugar a donde asignan a personal problemático.

Esto a colación, porque en este par de meses, me ha tocado convivir con bibliotecarios de otros estados, la mayoría son asignados a bibliotecas sin tener el mínimo conocimiento de su manejo, incluso en sus instituciones no hay nociones de la labor que éstos deben llevar a cabo. Así que nuestra misión es precisamente esa. ¡Qué coherente era Ortega y Gasset al ofrecernos sus hermosas reflexiones!

Hay organizaciones que luchan activamente por homologar los criterios de prestación de servicios (http://www.conpab.org.mx/publicaciones.html), hay eventos donde vemos una serie de problemáticas comunes, hay retos que nos imponen las nuevas visiones nacionales, hay certificaciones que se gestan desde bibliotecas y hay acreditaciones de programas educativos en donde las bibliotecas son el soporte para la mejora de la calidad educativa.

Las bibliotecas me han permitido profesionalizarme, innovar, crecer, viajar, conocer, dudar de lo que sé y buscar alternativas, presentarme ante otros colegas para compartir las experiencias en foros o congresos. Trabajar con colegas tanto de mi institución como colaborar con profesionistas de otras áreas quienes acuden a nosotros para trabajos conjuntos.

Sin embargo hay aún mucho por hacer, así que continuaré mi camino, con todos los colegas, buscando día a día mejores formas de ser estos puentes entre los usuarios y la información.

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Porque leer, nutre.


Siempre hay formas de compartir un poco el Placer de Leer, las tecnologías de la información nos permiten compartir con más personas nuestra apreciación por un libro. Y aún siguen abiertos espacios para compartir la lectura, que van desde una lectura en atril, hasta cafés literarios.

En mi experiencia, no me cabe duda que es reconfortante tener retroalimentación de mis alumnos sobre sus experiencias de lectura.

Ésto porque mis alumnos tienen la oportunidad de leer un libro al mes y obtener puntos en su calificación y cada clase, escribo en el pizarrón alguna cita que tenga que ver con bibliotecas.

Como de ellos saldrán los futuros profesionales de la información, es importante que se vayan sensibilizando ante la lectura.

Así que cada semestre, elijo de mi biblioteca personal los libros que podrían interesarles, también les doy la opción de leer libros electrónicos que les proveo. ¿Por qué esos títulos?

Quizás suene extraño, pero no les permito leer cualquier cosa, sino libros que ya he leído, con el fin de corroborar que verdaderamente los leyeron. Además su trabajo consiste en expresar su opinión personal, sin críticas de mi parte. Sino por el hecho de compartir las experiencias y a la vez ofrecerles mis comentarios.

Descubro entonces como algunos expresan que hacía mucho que no leían, o que nunca habían leído algo (lo cual suena increíble), o que botarían ese libro a la basura y no volverán a leer sobre ese autor, en fin, cada quien expresa su experiencia de amor u odio.

Sé que es un gran riesgo prestarles mis libros a mis alumnos, por supuesto mis favoritos no salen de casa, pero el resto sí.

Me da terror que los dañen pero creo que compartir con ellos mis tesoros, puede comprometerlos un poco más.

Espero que a final de semestre vuelvan, luego de tomar aire en casas ajenas y bajo ojos jóvenes que los disfruten o los odien.

A continuación transcribo algunos párrafos de los comentarios de una alumna, que me han sorprendido:

Una parte del libro que en lo general me encantó fue que siempre me quedaba como con la espinita de qué es lo que iba a seguir del cuento, y eso hacía que en ocasiones me quisiera desvelar leyendo el libro.

Al final me pareció muy trágico en la manera como acabé el libro, porque detrás de esas hojas yo quiera que hubiera un cuento adicional en donde se juntaran pequeños pedazos de historias en donde contara otro más divertido aun.

Una actividad que pensé que no soportaría o aguantaría. Me gustó la idea de escoger un libro para leerlo, casi no es de mi agarrar un libro y poder terminarlo todo y que me guste, generalmente los maestros me pedían que leyera libros que no eran de mi agrado y eso hacía que leer libros fuera más difícil, complicado y muy aburrido.
Esa era una de mis críticas hacia un libro, lo miraba y pensaba que todos los libros se tratarían de lo mismo y eso hacía que yo odiara los libros.

Insisto, vale la pena el riesgo, solo por este tipo de retroalimentación. Leer por placer, animar la lectura.

También puedes ver:

Le placer de leer

¿Apuestas a leer por gusto?

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