Publicado en Tanatos

A quién le platicaremos


“Las palabras que no se escuchan se pierden en el vacío. Las palabras que no reciben respuestas carecen de sustancia. La palabra florece solo a través de una relación de amor. Y el amor solo puede arraigar donde se intercambian las palabras”

Schaup, S.

IMG1132AFuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Todos fluimos en la existencia, pasamos por varias etapas y desde el momento en que nacemos comienza nuestro tránsito por eso que llamamos vida.

Pero tarde o temprano llegará la vejez, esa que veíamos tan lejana, cada vez se acerca un poco más. Entonces, debemos comenzar a pensar cómo queremos que sea la transición, cómo queremos terminar nuestro viaje.

Quizás, cada vida debería convertirse en un libro, pero hay personas que no se toman el tiempo para tomarse en serio su existencia.

Mientras tanto me pregunto ¿A quién le platicaré cuando sea grande?, quizás a mis plantas, a mis amigas. ¿Qué tendré que contarles de esta vida que llevo recorrida? ¿Cómo transformaré la angustia en palabras? ¿Podré integrar mi existencia?

Esa comprensión de la finitud comenzó hace mucho tiempo, creo que  fue en las primeras clases en la facultad, cuando una frase llamó profundamente mi atención: “somos seres finitos, con aspiraciones infinitas”.

Ese detonante se fue haciendo más evidente con cada golpe de la vida, con cada pérdida, me volví del Clan de la Cicatriz, Mayo, 2012, Octubre, 2013, Diciembre 2013, Enero 2014…

Papala y Tita, las hablantes, las cuenta cuentos, las que sanan, las que protegen, ellas tuvieron la oportunidad de  regalarme sus palabras, pudieron integrar los sucesos más importantes de su vida. Tita está lejos ahora, pero sigo con la idea de estar cerca de ella con libreta en mano cazando a vuelapluma sus palabras.

Pero yo ¿Qué palabras tendré pendientes de dejar libres? ¿Cómo podré integrar lo que soy y preparame para lo que seré hasta que llegue el momento de reflexionar en lo que fui? Por lo pronto, continuaré usando la palabra escrita en este espacio, mientras la vida fluya, mientras mis ideas busquen salida.

“Estamos en el invierno de la vida o en la primavera de la muerte”

Publicado en Ars, Bibliotecaria, Color

Detalles


“La felicidad llega sin llamar a la puerta, al margen de las situaciones y circunstancias que la  rodean a una, con una independencia casi cruel”

Yoshimoto, B.

La vida ofrece oportunidades, la elección de tomarlas es individual. Y como el “hubiera” se conjuga en tiempo pendejativo pasivo, mas vale afrontar los retos.

Es precisamente esa aceptación lo que me ha traído estos días de vuelos y palabras. Así mis pies me llevaron a un estallido neuronal, a un papel de revisora ante colegas, a un aprender más de lo que puedo aportar.

Verme rodeada de personas que nos comunicamos en el mismo argot, realmente enriquece, y permite abrir puertas a la vez que comparar nuestras prácticas en esta hermosa profesión.

También, a colarme, cuando menos unos instantes, hacia espacios nuevos, rodeada de las muestras de arte que siempre nutren. Estar en esa Sala de Lectura, en el Adhara o caminar por los ángulos imposibles de Raymundo Sesma. Enfrentarme cara a cara con Los carpinteros o adentrarme en los espacios surrealistas del Registro 04. Hundida en los colores, las formas, las sensaciones.

Fue igual esa reflexión hacia la movilidad que desinvisibilizó la terrible brecha, o el ludismo dentro de la dureza de las estadísticas y por último el enfrentarme al espejo, decirme que me quiero y dejar mi huella bicolor entre tantas otras huellas coloridas. Una promesa para mí. Así va la vida.

No pensé verme en esas circunstancias, con esa responsabilidad, con un equipo de trabajo desconocido, pero allá estuve, dispuesta a aprender. Con esa reflexión de la Mtra. Martel (tinta fresca) sobre la piel. También, rondando en mi cabeza, su metáfora del cerillo y ésta directamente ligada con las preguntas que el último año me han acompañado cada noche, porque si no soy yo; ¿quién?, si no es ahora; ¿cuándo?, si no es aquí; ¿dónde?

Me permito recibir lo que la vida me otorga, me permito recorrer nuevos caminos, me permito sanar viejas heridas, me permito vivir a plenitud.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Publicado en Bibliotecaria, Reflexiones de la Palomilla

Distancia: Desde el antes, hasta el hoy


“Le impactaba siempre la manera fortuita y misteriosa en que se forjaban los destinos” 

Druon, M.

Muchos kilómetros de distancia y cada salida resulta una aventura. Alguna vez, un vuelo donde los relámpagos iluminaban el cielo, porque no es lo mismo ver las tormentas desde las nubes. Otras hundirse en la oscuridad y cubrirse de estrellas.

Un subir y bajar en un trasbordo ¡al mismo avión!, otras en soledad. Luego, de vez en cuando un aeropuerto donde te dicen que no hay taxis, en esa ocasión, casi creí que mi premonición de dormir en el aeropuerto se volvería realidad. Por fortuna un buen samaritano compartió el vehículo conmigo. En otra ocasión, la lluvia torrencial retrasó el vuelo y se rompieron las ruedas de la maleta. No es mucho, tampoco nada. La vida es bondadosa conmigo y mi trabajo me ha permitido estos aprendizajes.

Hoy entre personas que se han cruzado en mi camino, aprendí un poco más y sobre todo, creo que debo darme tiempo de entender los porqués de mi vida. Un círculo más de mujeres tan diversas y valiosas que desde octubre del año pasado, me han abierto las puertas y han depositado en mi trabajo un voto de confianza.

Es la distancia que nos permite ver la realidad desde otra perspectiva.

Los pensamientos se sucedieron porque, tan lejos, a 1,400 km de distancia, es el mismo lugar, pero no la misma situación. Es cierto que tenía una leve intención de verte, pero ahora no eras lo más importante.

Una vez más recorrí los caminos luego de las arduas jornadas, a veces sola, otras en compañía de ellas que han venido de diversos estados del país.

Mis ojos se llenaron de colores y también de lágrimas. Todo lo terrible de septiembre se adormece unos cuantos días y me permite sacar mi humanidad a la luz, a la vida. El cielo y paraíso de las librerías, el dolor de Ayotzinapa que sigue latiendo, la magestuosidad del maestro Buonaroti, la risa y las charlas tan diversas, tan sentidas. Hasta la travesura de nuestras catarsis colectivas.

¡Ea que la vida sigue! Es definitivo que a veces cuesta demasiado abrir los ojos y salir de la cama, pero Frankl nos dice que mientras existan motivos, hay esperanza.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Publicado en Las que saben

Femigro


El término “femigrante” es de algún modo una apocatástasis. ¿pero hacia dónde migran las femigrantes? Van de la vorágine que se tragó las expresiones femeninas, hacia la esencia, lo fundamental, su propia identidad, su vida, su cuerpo. Es por tanto, un retorno.

En ese transitar del matriarcado al patriarcado, se cometieron muchos atropellos y en esa búsqueda de una identidad de género, las mujeres adoptamos posturas masculinas, confundiendo la igualdad con asumir roles forzados.

Pero no somos iguales, hay que escarbar entre los huesos, recordar a esas mujeres de la familia, reconstruir los lazos rotos o los huecos de la genealogía. Abrir el panorama y preguntar una y otra vez a las mujeres de la casa, por todos aquellos detalles que nos permitan reencontrar lo que perdimos.

Hay pistas escondidas en los albores de la humanidad, esto no implica un retroceso a la prehistoria, sino un volver sobre los pasos y rescatar quienes somos. Pinkola, los rastrea a través del folklore en los cuentos, Auel en su reconstrucción de los pueblos nómadas prehistóricos. La Pachamama es el antes y el ahora.

Quizás una parte fundamental y que nos sirve como punto de convergencia de género, es nuestro andar cíclico, que en las mujeres está marcado por la menstruación. Tan vituperada y transformada en algo desagradable en la cultura occidental.

Me gustó el término matriztico acuñado por Humberto Maturana, al que se hace alusión en el video de Mani Álvarez, titulado El rescate del sagrado femenino. En el cual se entiende como una sociedad en la que el ser humano vive en equidad. ¿Será posible?

Por lo pronto, me resta seguir mi camino, migrar hacia el pasado, buscar las raíces de mi ser, dejar de una vez por todas de estar peleada con eso que soy y arrancarme las etiquetas que con el paso de los años se han ido incrustando en mí.

Tomo mi “itacate” y echo a andar.

Venus-LausselFuente de imagen: Cadena Ser

Publicado en Cuenterías

Melancolía, atardece


dali7Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Es el tiempo de recibir una nueva oleada de viento fresco, la tarde lluviosa hace que el viento se cuele por la casa, haciendo sonar las campanillas y refrescando.

Eso me permite descubrir que con el tiempo voy desentrañando la ciencia de tus manos. Especialmente esta tarde, cuando la melancolía se adhiere como molusco justo en mi plexo solar, con sus ventosas succionando tenazmente las emociones estancadas.

Al verme al espejo, también descubrí que tengo un beso, brotándome justo en medio de los labios. Tengo el presentimiento de que se quedó pegado aquella mañana, cuando te despediste apenas entre sueños. Alcancé a escuchar la puerta cerrándose y pensé en las veces que hice lo mismo. Desaparecí.

Puede ser que el hecho de salir a hurtadillas, dejándote tantas veces dormido, se haya vuelto hacia mí. Es como perpetuar un sentimiento cálido, conservado entre dos mundos, mientras, afuera, el resto de los mortales se desperezan.

A veces, no puedo evitar sentir el absurdo, mientras la razón me reprende, pero, hay cosas que la razón deja fuera, es ese el espacio justo en donde habita tu recuerdo, que se ha ido construyendo de instantes, atemporales, inconexos. Acabamos siendo nada el uno para el otro, pero a la vez, con toda la paradoja que ésto representa, somos un todo.

Lo mínimo que nos debemos a nosotros mismos, es la congruencia.

Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Detrás del antifaz


“No te enamores tanto de la noche como para perder tu camino”

Rice, A.

Lo mío era un asunto relativamente sencillo. Sin grandes complicaciones cubrí mi rostro con el antifaz. ¿Quién podría negar que los usamos a diario? Quizás haya casos en los que no es tan evidente.

Sea pues porque seguimos buscando la magia en cada latido, que mis pasos me colocaron justo bajo la escalinata. Ahí estaba.

Era él cubierto de noche, por su porte podría llegar a ser un Giovanni. No lo supe con certeza, pero desde ese instante, su mirada me persigue hasta esta noche. ¡Qué despiadada es para los Malkavian la investidura cargada de sueños! Son solo esos iris azules y el porte regio de un caballero de la noche, una sombra.

Fue como el recuerdo vuelto carne, vuelto espíritu, vuelto sonrisa a medias.

Aclaro que aunque no parezca, mi problema de socialización es agudo, pero venciendo esos primeros latidos y permitiendo que mis pupilas tomaran nuevas dimensiones, me acerqué a preguntarle algunas pistas.

Dijo no saber nada, también buscaba. ¡Un par de segundo son suficientes para caer en el hechizo! ¿Sombra, Brujah?

La noche avanzó inevitablemente, sólo mi rastreador insistía en abordarlo nuevamente. Quedamos cerca mientras los danzantes giraban dejándose llevar por la orquesta. Destacaba entre los demás.

Pero aún no he aprendido a seguir luego de cada paso, me detuve cobardemente dejando que mis sombras me cubrieran tal como acostumbran.

Antes de alejarme volví a verle, ahí recargado en un muro, justo espacio para tal porte.

A ese acto llámele también psicomagia o catarsis. Caer en mundos oscuros, cobijados por otros anonimatos. Pero en el centro, el mismo juego de máscaras al que jugamos todos. Roles anquilosados, a veces moralinos, otras ambiguos, muy pocas veces congruentes. ¡Qué fuego interno desatan los acordes lánguidos del clavecín!

La Quinta Gameros el lugar perfecto, La familia Lambert, los anfitriones de los trece clanes. Noche de magia y máscaras.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Publicado en Reflexiones de la Palomilla

Silencios o gritos. Hable ahora o lo callamos para siempre.


“¿Por qué la humanidad es incapaz de eludir la barbarie?”

Lessing, D

“Pero sentí más frío mirando los cuerpos, viendo a mi hijo sin que pudiera abrazarlo, tocarlo, limpiar sus heridas, sacudir su pelo, quitarle el lodo y la sangre”

Montemayor, C. (2010) Las mujeres del alba.

comiendo%20palabras[1]

Crecí rodeada de Normalistas, mi madre y muchos parientes míos son normalistas. Las escuelas Normales, son aquellas en las que estudian las personas que desean convertirse en maestros para todo el nivel básico y dependen de la Secretaría de Educación Pública. Se establecieron con el fin de cubrir las necesidades de alfabetización de la población. En la legislación de 1927 se estipuló que todas las normales tendrían internado y que los alumnos contarían con becas.

Por lo tanto desde entonces y hasta la fecha, las normales son casi la única oportunidad de estudios de muchas personas especialmente en zonas rurales. Éstas siempre bajo la mira de los que no aprueban que sean espacios de crítica y de reto ante condiciones adversas.

Mi madre estudió en una Normal internado, ella y mis tías fueron expulsadas por guardar un minuto de silencio como muestra de respeto a quienes en ese entonces participaron en la lucha y fueron asesinados. ¿Por qué? ¿Dónde tienen guardados los criterios que te etiquetan como una persona “inadecuada” para una sociedad.

Todo esto a colación por lo sucedido hace un par de meses en Ayotzinapa un caso mas, gotas no de vasos sino de odres que se derraman. Hay quienes dicen que “se lo merecían”, “¿Qué andaban haciendo allá?”…

No justifico la violencia, entiendo que hay quienes en las ciudades también vivieron una vida de carencias, pero aquí las oportunidades son mayores que en zonas rurales, hay quienes se atreven a juzgar a los padres de los alumnos por seguir clamando por justicia. Un padre hace hasta lo imposible porque sus hijos alcancen sus metas.

Otros dicen que están hartos de que cada vez más personas abramos la boca, en cualquier oportunidad, a través de los recursos que cada uno tengamos.

Pero no sólo es eso, hay demasiadas cosas detrás de este crimen, hay una barbarie que en esta ocasión no está relacionada con los grupos del narcotráfico, sino con las autoridades a las que nosotros mismos les permitimos gobernarnos.

Es esta crueldad, esta falta de “humanidad” y muy acertada la locución de: Homo homini lupus est. No es un capricho, es una sed de esclarecer, un dolor que se nos pega, una empatía por aquellos que en este momento llevan un duelo que no se ha quedado guardado tras la puerta o encerrado en un cajón.

“Nunca olvidaré esa fecha en que fui “invitada amablemente” a dejar la escuela” (Guzmán, E) ¿Cómo sería la invitación amable de estos 43? Esa amabilidad es lo que repugna.

Pudieron haber sido mis sobrinos, mis hijos, mis vecinos.

#Ayotzinapa ¡cómo no va a doler!

#43 conVidaYa