Impregnar


Se me ha quedado el cuerpo lleno de palabras, de música, de ritmo. Se me ha llenado la boca de silbidos.

Estos días de luna creciente, de caminos que se llenan de color. Desde hace unos meses, Hada y yo nos hemos escapadado por las calles, cazando aquello que nos llene las pupilas de luz.

Las pesquizas han sido divertidas y he recuperado mis pasos. No hay nada más relajante que salir y descubrir algo nuevo. No me canso de admirar a aquellos anónimos (otros no tanto), que nos llenar las calles de vida, que nos dan un motivo para sonreir al toparnos de frente con el color.

Mis pasos seguramente descubrirán mas espacios de luz, luz mutante.

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No son eternas


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Fuente de imagen: Globedia

Mi Tita no es eterna, cuando era niña creía que sí. Pero los años van pasando y una se da cuenta de lo efímero de la vida.

Ahora que la veo con sus ojos grises, su piel delgada y lisa y su rostro cubierto de tiempo, veo lo maravilloso que es cada día con ella.

Por eso me gusta descubrir sus pequeños gustos, como los sorbitos de café negro cada mañana, antes de ponerles leche. Sus poemas, canciones e historias que nos lanza a cada frase.

Ayer Hada le regaló un osito pequeño de juguete, que le ha maravillado por sus grandes ojos, y hace días le trajimos unos pequeños chilitos muy rojos, que ha atesorado como si fueran piedras preciosas.

Las cosas que de plano no le gustan y cuando se queda calladita guardada en su mundo. Solo ella sabe qué hay adentro.

Por Tita sí pasa el tiempo, a veces se me apachurra el corazón de saber que un día cualquiera puede morir, igual que yo, igual que cualquiera de nosotros.

Así que mejor nos contentamos con “chiplearla”, porque cada vez necesita menos cosas. Pero no hay como sacarle una sonrisa, como verla recitar o contar cosas de su infancia, y ahora con las tecnologías, poderle mostrar fotografías de sus hijos, nietos y bisnietos que viven lejos. También que vea videos de sus cantantes favoritos.

Hoy fue un día así, que empezó con unas canciones que ha ido repitiendo muchas veces. Dice que ya no tiene voz, pero para mí, es un privilegio poder compartir el tiempo, eso tan escurridizo que cada segundo se nos va.

Latencia


11.nocturna

Fuente de imagen :Palomilla Apocatastásica

Hay preguntas que llevan tanto tiempo dando vueltas en la cabeza, pero que no llegan a formularse con palabras. Se agolpan en algún lugar inaccesible en el momento inadecuado.

Lo único traducible es un beso, que ahoga todas las ausencias, los silencios, los cuestionamientos, queda el café subversivo que tiene azúcar real, un pan con mantequilla de verdad, el despertar apenas suspiro, los tres temores de un hombre sabio, suspendidos entre las volutas de una vela agónica.

Entonces queda el vacío, la ironía de nunca haber llenado la inquietud, las promesas renovadas, la ineludible y brevísima despedida que anuncia la nada novedosa ausencia alargada al nauseam y una tristísima mirada de Fata que se me ha pegado en la piel, provocándome nuevamente insomnio.

¡Qué absurda es la duda, qué incómoda la inquietud, qué estupidez se me ha ido acunando en los recovecos de un viento oscuro!

Inasible

A quién le platicaremos


“Las palabras que no se escuchan se pierden en el vacío. Las palabras que no reciben respuestas carecen de sustancia. La palabra florece solo a través de una relación de amor. Y el amor solo puede arraigar donde se intercambian las palabras”

Schaup, S.

IMG1132AFuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Todos fluimos en la existencia, pasamos por varias etapas y desde el momento en que nacemos comienza nuestro tránsito por eso que llamamos vida.

Pero tarde o temprano llegará la vejez, esa que veíamos tan lejana, cada vez se acerca un poco más. Entonces, debemos comenzar a pensar cómo queremos que sea la transición, cómo queremos terminar nuestro viaje.

Quizás, cada vida debería convertirse en un libro, pero hay personas que no se toman el tiempo para tomarse en serio su existencia.

Mientras tanto me pregunto ¿A quién le platicaré cuando sea grande?, quizás a mis plantas, a mis amigas. ¿Qué tendré que contarles de esta vida que llevo recorrida? ¿Cómo transformaré la angustia en palabras? ¿Podré integrar mi existencia?

Esa comprensión de la finitud comenzó hace mucho tiempo, creo que  fue en las primeras clases en la facultad, cuando una frase llamó profundamente mi atención: “somos seres finitos, con aspiraciones infinitas”.

Ese detonante se fue haciendo más evidente con cada golpe de la vida, con cada pérdida, me volví del Clan de la Cicatriz, Mayo, 2012, Octubre, 2013, Diciembre 2013, Enero 2014…

Papala y Tita, las hablantes, las cuenta cuentos, las que sanan, las que protegen, ellas tuvieron la oportunidad de  regalarme sus palabras, pudieron integrar los sucesos más importantes de su vida. Tita está lejos ahora, pero sigo con la idea de estar cerca de ella con libreta en mano cazando a vuelapluma sus palabras.

Pero yo ¿Qué palabras tendré pendientes de dejar libres? ¿Cómo podré integrar lo que soy y preparame para lo que seré hasta que llegue el momento de reflexionar en lo que fui? Por lo pronto, continuaré usando la palabra escrita en este espacio, mientras la vida fluya, mientras mis ideas busquen salida.

“Estamos en el invierno de la vida o en la primavera de la muerte”

Detalles


“La felicidad llega sin llamar a la puerta, al margen de las situaciones y circunstancias que la  rodean a una, con una independencia casi cruel”

Yoshimoto, B.

La vida ofrece oportunidades, la elección de tomarlas es individual. Y como el “hubiera” se conjuga en tiempo pendejativo pasivo, mas vale afrontar los retos.

Es precisamente esa aceptación lo que me ha traído estos días de vuelos y palabras. Así mis pies me llevaron a un estallido neuronal, a un papel de revisora ante colegas, a un aprender más de lo que puedo aportar.

Verme rodeada de personas que nos comunicamos en el mismo argot, realmente enriquece, y permite abrir puertas a la vez que comparar nuestras prácticas en esta hermosa profesión.

También, a colarme, cuando menos unos instantes, hacia espacios nuevos, rodeada de las muestras de arte que siempre nutren. Estar en esa Sala de Lectura, en el Adhara o caminar por los ángulos imposibles de Raymundo Sesma. Enfrentarme cara a cara con Los carpinteros o adentrarme en los espacios surrealistas del Registro 04. Hundida en los colores, las formas, las sensaciones.

Fue igual esa reflexión hacia la movilidad que desinvisibilizó la terrible brecha, o el ludismo dentro de la dureza de las estadísticas y por último el enfrentarme al espejo, decirme que me quiero y dejar mi huella bicolor entre tantas otras huellas coloridas. Una promesa para mí. Así va la vida.

No pensé verme en esas circunstancias, con esa responsabilidad, con un equipo de trabajo desconocido, pero allá estuve, dispuesta a aprender. Con esa reflexión de la Mtra. Martel (tinta fresca) sobre la piel. También, rondando en mi cabeza, su metáfora del cerillo y ésta directamente ligada con las preguntas que el último año me han acompañado cada noche, porque si no soy yo; ¿quién?, si no es ahora; ¿cuándo?, si no es aquí; ¿dónde?

Me permito recibir lo que la vida me otorga, me permito recorrer nuevos caminos, me permito sanar viejas heridas, me permito vivir a plenitud.

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