Publicado en Bibliotecaria

Uno mas


La ciudad de los pozos

5. Nubes
Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Esa ciudad no estaba habitada por personas, como todas las demás ciudades del planeta.

Esa ciudad estaba habitada por pozos. Pozos vivientes… pero pozos al fin.

Los pozos se diferenciaban entre sí, no sólo por el lugar en el que estaban excavados, sino también por el brocal (la abertura que los conectaba con el exterior).

Había pozos pudientes y ostentosos con brocales de mármol y de metales preciosos; pozos humildes de ladrillo y madera y algunos otros más pobres, simples agujeros pelados que se abrían en la tierra.

La comunicación entre los habitantes de la ciudad era de brocal a brocal y las noticias cundían rápidamente, de punta a punta del poblado.

Un día llegó a la ciudad una “moda” que seguramente había nacido en algún pueblito humano.

La nueva idea señalaba que todo ser viviente que se preciara de serlo debería cuidar mucho más lo interior que lo exterior. Lo importante no era lo superficial sino el contenido.

Así fue como los pozos empezaron a llenarse de cosas.

Algunos se llenaban de joyas, monedas de oro y piedras preciosas. Otros, más prácticos, se llenaron de electrodomésticos y aparatos mecánicos. Algunos más, optaron por el arte, y fueron llenándose de pinturas, pianos de cola y sofisticadas esculturas posmodernas. Finalmente, los intelectuales se llenaron de libros, de manifiestos ideológicos y de revistas especializadas.

Pasó el tiempo.

La mayoría de los pozos se llenaron a tal punto que ya no pudieron incorporar nada más.

Los pozos no eran todos iguales, así que, si bien algunos se conformaron, hubo otros que pensaron que debían hacer algo para seguir metiendo cosas en su interior…

Alguno de ellos fue el primero: en lugar de apretar el contenido, se le ocurrió aumentar su capacidad ensanchándose.

No pasó mucho tiempo antes de que la idea fuera imitada, todos los pozos gastaban gran parte de sus energías en ensancharse para poder hacer más espacio en su interior.

Un pozo, pequeño y alejado del centro de la ciudad, empezó a ver a sus camaradas ensanchándose desmedidamente. Él pensó que si seguían hinchándose de tal manera, pronto se confundirían los bordes y cada uno perdería su identidad…

Quizá a partir de esta idea se le ocurrió que otra manera de aumentar su capacidad era crecer, pero no a lo ancho, sino hacia lo profundo. Hacerse más hondo en lugar de más ancho. Pronto se dio cuenta de que todo lo que tenía dentro de él le imposibilitaba la tarea de profundizar. Si quería ser más profundo debía vaciarse de todo contenido…

Al principio tuvo miedo al vacío, pero luego, cuando vio que no había otra posibilidad, lo hizo.

Vacío de posesiones, el pozo empezó a volverse profundo, mientras los demás se apoderaban de las cosas de las que él se había deshecho…

Un día, sorpresivamente, el pozo que crecía hacia adentro tuvo una sorpresa: ¡Adentro, muy adentro y  muy en el fondo encontró agua!

Nunca antes otro pozo había encontrado agua…

El pozo superó la sorpresa y empezó a jugar con el agua del fondo, humedeciendo las paredes, salpicando los bordes y, por último, sacando agua.

La ciudad nunca había sido regada más que por la lluvia, que de hecho era bastante escasa, así que la tierra alrededor del pozo, revitalizada por el agua, empezó a despertar.

Las semillas de sus entrañas brotaron en pasto, en tréboles, en flores, y en tronquitos endebles que se volvieron árboles después…

La vida explotó en colores alrededor del alejado pozo al que empezaron a llamar “El Vergel”.

Todos le preguntaban cómo había conseguido el milagro.

-Ningún milagro – contestaba el Vergel -, hay que buscar en el interior, hacia lo profundo…

Muchos quisieron seguir el ejemplo del Vergel, pero desandaron la idea cuando se dieron cuenta de que para ir más profundo debían vaciarse. Siguieron ensanchándose cada vez más para llenarse de más y más cosas…

En la otra punta de la ciudad otro pozo, decidió correr también el riesgo del vacío…

Y también empezó a profundizar…

Y también llegó al agua…

Y también salpicó hacia afuera creando un segundo oasis verde en el pueblo…

-¿Qué harás cuando se termine el agua? – le preguntaban.

-No sé lo que pasará – contestaba. Pero, por ahora, cuanto más agua saco, más agua hay.

Pasaron  unos cuantos meses antes del gran descubrimiento.

Un día, casi por casualidad, los dos pozos se dieron cuenta de que el agua que habían encontrado en el fondo de sí mismos era la misma…

Que el mismo río subterráneo que pasaba por uno inundaba la profundidad del otro.

Se dieron cuenta de que se abría para ellos una nueva vida.

No sólo podían comunicarse, de brocal a brocal, superficialmente, como todos los demás, sino que la búsqueda les había deparado un nuevo y secreto punto de contacto:

La comunicación profunda que sólo consiguen entre sí, aquellos que tienen el valor de vaciarse de contenidos y buscar en lo profundo de su ser lo que tienen para dar…

Bucay, J. (2004) La ciudad de los pozos. En: Cuentos para pensar. (p 103)

Anuncios
Publicado en Bibliotecaria

Ciclos vivenciales


Me he topado con este pequeño texto de Jorge Bucay, que me pareció importante para meditarlo largamente con muchas tazas de café.

Ha nacido hoy de madrugada

viví mi niñez esta mañana

y sobre mediodía

ya transitaba mi adolescencia.

Y no es que me asuste

que el tiempo se me pase tan aprisa

solo me inquieta un poco pensar

que tal vez mañana

yo sea

demasiado viejo

para hacer lo que he dejado pendiente.


“Si una marciana pretendiera entender la Tierra a través de la publicidad, difícilmente llegaría a ninguna conclusión aproximada de lo que son las mujeres. Pensaría que éstas solo tienen un objetivo fundamental: exhibirse como reclamo sexual o conseguir el blanco más reluciente y satisfacer las necesidades de la familia en una casa con los suelos más brillantes de todo el barrio”

Varela, N.

9.color
Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Estereotipos

Fantaseando colores


Me encantaría ver a Johnny Walken tocando la flauta de almas, al lector de sueños hablando con su sombra, a Fukaeri y la Little people saliendo de la boca de la cabra ciega y una chica en el bosque agitando cascabeles mientras las bestias pastan y a lo lejos el sonido monótono de una máquina de Pinball.

Porque los mundos murakaminos nos hacen volar…

5.ilusion
Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

“Soy Ayla de la Novena Caverna de los zelandonii, acólita de la Zelandoni, la Primera Entre Quienes Sirven a la Gran  Madre Tierra, emparejada con Jondalar, maestro tallador de pedernal y hermao de Joharran, jefe de la Novena Caverna de los zelandonii, antes Hija del Hogar del Mamut del Campamendo del León de los mamutoi, Elegida por el espíritu del León Cavenario, protegida por el Oso Cavernario y amiga de los caballos Whinney, Corredor y Gris y del cazador cuadrúpedo Lobo”

Auel, J. (2011) La tierra de las cuevas pintadas.

Servidora de la gran madre


IMG1125A
Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

 Hay en el cementerio de Ábrego dos tumbas, una junto a la otra. Quienes saben oír lo que las tumbas dicen, escuchan estas voces:

-Yo viví muchos años, pero esos años no los supe vivir. Como viví tan solo para mí, no viví bien. Nadie me quiso, a lo mejor porque a nadie quise yo. Fui indiferente a todo, y por eso mi muerte no significó ninguna diferencia. Ahora estoy aquí, muerto del todo. Me parece la mía mucha muerte para tan poca vida. Eso dice una tumba.

La otra dice:

-Yo viví como si cada día fuera toda una vida. Amé a muchas mujeres, y algunas me amaron a mí. Gocé del pan y del vino, y cuando ya no tuve pan ni vino, gocé el recuerdo del pan y del vino. Acepté el sufrimiento igual que la alegría, pues ambas son parte de la vida del hombre. Al final tuve tantos recuerdos que no podía recordarlos todos. Ahora estoy aquí, dicen que muerto. Y me parece la mía muy poca muerte para tanta vida.

Hay en el cementerio de Ábrego dos tumbas. Pero una es más tumba que la otra.

Fragmento tomado del libro: ¿Eutanasia o autanasia? Por una muerte digna. Rodríguez, M. (2010)

 

Voces del más allá