Publicado en Apocatástasis

Aprendizaje


Lo único que tenemos es el hoy. Mis faéricos, Hada y Dwende. Donde estén, aún en las noches de infierno. Siempre los dos. Como mis maestros, como mis lecciones infinitas, como mis guías. Gracias por escogerme. Aprendo, aún en el insoportable dolor de la separación. ¡Aho!

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El no querer


lux

Fuente de imagen: Internet

A veces, es necesario caer en la ataraxia. No querer saber, ni sentir, ni pensar. Es necesario volverse casi un protozoario.

A veces, es necesario adormecerse, para poder dejar que todo tome un rumbo nuevo.

Es hilvanar desde el subconsciente esa transición hacia el siguiente paso. ¿Qué nos estará esperando afuera?

Hada pregunta si es posible regresar en el tiempo y reparar los errores. Lo único que atino a decirle que lo irreparable es la muerte. Todo lo demás tiene arreglo.

¿Qué nos pasó, cómo dejamos que la vida nos torciera los caminos? Me dieron desde muy chica un instructivo de lo que debía hacer. ¡Voilá! No soy nada de lo que me dijeron.

Le dije a Hada que he aprendido sólo dos cosas en la vida. La primera, es que lo que yo puedo hacer por ellos (los faes) es amarlos. La segunda es eso sobre la irreparabilidad de la muerte.

Por ahora el trabajo de desapego ha sido duro, el Dwende lo ha confirmado: -La vida sigue. Eso les dijo ayer. Efectivamente, acepto ese aprendizaje. D E S A P E G O. Difícil palabra cuando se tiene un hilo umbilical que por un lado me permite aprender y por el otro  me tiene adolorida.

“Ad astra per áspera” No estoy de acuerdo, porque eso del sufrimiento es una opción. No opto por ella.

Querida Hada, no tengo más consejos hoy, porque ni siquiera los tengo para mí.

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Nueve largos meses, querido Dwende


“Sabe, las mujeres podemos ser todo en esta vida, menos víctimas”

Poniatowska, E.

17hippies2  Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Desde ayer azotan implacables los demonios, desde el día 29 de septiembre han pasado 271 días.  Cada día es más difícil.

Luego de tanta impunidad, de recorrer los institutos de apoyo, de volver a terapia, de levantar juicios. NADA. Fui a entregarle precisamente una parte de lo que es más valioso en la vida. Le lleve al Dwende. Últimamente creo que los pendejos que no son tan pendejos, porque tal parece, acaban ganando en este mundo torcido.

El recurrente “A qué le tienes miedo” se volvió realidad a partir de esa noche y planeamos seguir con la vida a cuestas, algunas veces arrastrándola y últimamente empujándola.

No hay gritos, sólo queda coleccionar instantes. Esos que nos regala de vez en cuando y que son agradables. ¿Eso es todo?

Quizás estamos condenados desde el principio a sentir ese amor umbilical y aferrarnos a él con uñas y dientes. Hada me pregunta qué pasa. También ella sufre, a su manera. No entiende el porqué las cosas tienen que ser así. Porqué él ya no quiere acompañarnos o no contesta el teléfono. Tampoco porqué ese ser que lleva el título de “padre” es así con ella, porqué no le da el respeto que ella se merece.

Tanta irresponsabilidad cobra cuota, pero aún no puedo comprender cómo a pesar de la cobardía que muestra ese individuo que proporcionó los genes (porque nada más hizo en su vida), tiene aún personas que le sirven como perros fieles. No me es comprensible cómo personas que ejercieron tanto tiempo en el área educativa, tienen tan poca capacidad de decisión y solapan conductas estúpidas y violentas.

En vez de tomar una actitud sensata y neutral, se empeñan en perpetuar esos mismos modelos, de machismo, violencia y misoginia. Minimizando las actitudes violentas y apoyando las actitudes groseras. Tampoco como el resto de la familia se hace de la vista gorda y permite que las cosas sigan así.

Frustración. Es toparse con pared. Porque además de permitir que el individuo evada una vez más su responsabilidad y huya de la ciudad, todavía se hacen cargo a medias de un Dwende, al que dejan solo muchas horas por irse a jugar al casino.

De nuevo hay que enfriar la cabeza, ser inteligente y buscar la mejor forma de traer de vuelta de forma conciente y consensuada a un Dwende que está en una edad de transición, a punto de volverse adulto.

271 días malditos, uno tras otro, a veces grises, otros cobijados por algo de luz, pero malditos en ese hueco desde el 29 de septiembre a las 20:00hrs. Sólo se suceden implacables, terribles, como voces cargadas de tristezas.

Quedan huecos oscuros y dolorosos, partidos. Trozos arrancados a dentelladas. La locura de soltar amarras y hundir el filo hasta la médula. Un día menos que vivir.

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Existe un Dwende: ¿A qué le tienes miedo?


17hippies2Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Ha llegado el día en que el Dwende aprende a aceptar las consecuencias de sus actos, y yo con él.

Las palabras se me regresan como en el reflejo de algo que no quiero llegar a ser. Es la fuerza de nuestra constelación, que tiene que ser removida y renovada.

Es el momento en el que me pierdo cuando recuerdo claramente su cuestionamiento: ¿A qué le tienes miedo?

Lo confieso, el miedo a su perdida era grande, un hueco doloroso, una herida abierta.

¿Qué fue entonces lo que pasó?

Nueve meses hace ya que tomé una decisión terrible, un 29 de septiembre. En ese momento la única posibilidad. A la fecha, las consecuencias de mis actos me siguen persiguiendo ¿hasta cuando? Quizás el resto de mi vida.

Hasta el día 90 conté los días, como mantra para la sanación, como justificación ante la culpa que se me fue incrustando.

¿A qué le tienes miedo?

A perderle en el camino. Tanto luché en vez de fluir, que todo fue opuesto a lo que tenía planeado.

A que el odio que arrastra desde hace eones, explotara contra mí.

A que decidiera el camino sin regreso, a que desapareciera de mi existencia física.

¿Vale la pena?

Sí. Ahora veo al Dwende de otra manera. La separación fue terriblemente dolorosa, tanto que me hundí en la desesperación. Pero…

El hoy:

Querido Dwende:

Sigues sorprendiéndome. Con toda tu juventud, tu carácter extrovertido y también tus berrinches adolescentes. Dentro de tí sigue ese afán de protección, esa nobleza. Sé que tenemos ideas contradictorias, pero hace más de un año, con todos esos sustos que pusieron tu salud en juego, aprendí.

Sí, aunque no lo creas. Es que te veo desde otra perspectiva. Todos los años que estuviste a mi lado, te dí lo mejor que pude, siempre lo que consideré que era lo más adecuado. Cambié tantas veces de tácticas. A veces fuí dura, inamovible, fría. Pero a la vez cálida, conciliadora.

¿Sabes qué amo cada detalle que guardo en mis recuerdos desde que naciste?

A tu edad, todo esto te sonará cursi, ridículo. Pero también sabes que yo soy palabra. Y la última carta escrita que te dí, sigue pegada justo donde tu la colocaste: en la cabecera de tu cama.

Las malditas circunstancias te alejaron de mi lado muy pronto (según mi perspectiva), pero mis temores se disiparon.

¿Qué tenemos ahora?

Si bien es cierto que nos vemos menos, también tenemos más alegrías cuando nos vemos. Sigues con nosotros y disfrutas los momentos que compartimos. Nos divertimos más. Y creo que eso es también parte de crecer.

Respeto tu decisión de seguir allá. Sé que estás buscando tu identidad. Tarde o temprano ibas a ir a buscar allá si tus teorías sobre la paternidad eran ciertas.

Sabes que las puertas de la casa siempre están abiertas para tí.

Con amor infinito

Esta Palomilla con Alas de Palabras

Publicado en Reflexiones de la Palomilla

¿Hasta dónde?


No sabemos. aquí nada, todo es un estancamiento.

¿Hasta dónde, hasta cuándo?

La pregunta de siempre ¿Por qué yo sí?

Tu sabes cuántas veces te lo he preguntado. ¿Tienes la respuesta? Una vez más he sido yo, la que “tuvo qué”. Es qué esta no es tu historia.

Ese día, me hiciste totalmente feliz, veniste una tarde fría de invierno y estabas envuelto en una pequeña cobija. Eras tan pequeño y frágil. El tiempo pasa como una ráfaga.

Hace ocho años, fue el caos, aún recuerdo tu expresión aterrada e iracunda. Toda tu ira que tuvimos que manejar, el comprender, el avanzar juntos, siempre juntos.

Los años pasaron junto con las etapas. Luego creciste y entraste a esa etapa rebelde en la que yo me proyecto, pero tengo que guardar la distancia de mis emociones y pensar fríamente.Tres años difíciles, de entender, de aprender, de romper paradigmas, de sanar para no dañar, para no interferir.

Aprendí a no ofender cada vez que me decían que los malos éramos nosotros, que algo estaba torcido en nuestra vida, que fuéramos una y otra vez al psicólogo porque seguramente algo no nos  funcionaba. Los tres sabemos que no es cierto, Es fácil juzgar cuando se puede estar felizmente tomándose un café mientras uno tiene que jugarse todas las cartas.

Hace varios meses pasó lo de tu ojo, creí que no habría remedio y lo hubo, Duro trance, pero si sola soy fuerte, al lado de ustedes son invencible.

Entonces esa noche de enero, la ambulancia, tu rostro, tu miedo, tu impotencia y la mía. Que nos llevó a reconstruirnos una vez más. ¡ves qué fuertes somos!

Hoy luego de 42 días, 1 día. No estás. Y pareciera que todo el trabajo que hemos hecho, lo que hemos crecido, lo que hemos aprendido se fractura. Bastó una noche para que echaran por la borda nuestro trabajo.

¿Qué hicimos? Sólo estamos hartos, de gritos ajenos, de ataraxia, de monotonía, de silencio. Nos hundíamos, tan sólo queríamos respirar.

De nuevo te lo digo, no es tu historia, tu no debes crecer igual que yo, no debes cargar la parte de mi constelación en la que no estoy de acuerdo. Mis reglas son otras y tú has crecido con ellas. Aquí no hay espacio para ser, sólo ecos, de lo que alguna vez fue, pero que se perdió, se fue opacando. Aquí un par de islas, yo una sombra. ¿Cómo te puedo guiar si sólo soy sombra? ¿Cómo puedo plantearte mis ideas si aquí no están de acuerdo? ¿Cómo ser quien soy si aquí no está autorizado ser?

Porque aquí “nadie grita más que yo”, porque donde “Chango viejo no aprende suerte nueva” no hay una posibilidad de avanzar. Entonces te llevo, a donde en este momento estarás mejor.

Hada te extraña y se hace la fuerte. No quiere demostrar la falta que le haces. Yo no soy tan fuerte como ella, hoy dolió recibir los mensajes de Entrada y Salida. Dolió no estar ahí para recogerte, que nos platicaras de tu día y que salieras con tu música estridente y tu alaraca.

Dolió el abrazo de la cena y hasta los gruñidos. Esta mañana no hubo despertador en el cuarto en el que estabas. Porque aquí nada es de nosotros. Eso me lo dejaron claro desde hace un par de décadas. Duelen los huecos de tu presencia.

Me he quedado sin un brazo, porque sólo tengo dos faes, uno para cada ojo, uno para cada brazo, uno para cada pierna. He alejado a la mitad de mi. Cuando aún no era tiempo, cuando aún nos faltaban cosas pendientes, cuando había aún mucho que aprender.

Pero ¿si no tengo sororidad con mi madre, con quién podría tenerla? Tomé una decisión que es quizás terrible, en mis actos de egoísmo como madre, porque te quiero aquí pero no puedo retenerte.

Todo se ha adelantado, todo ha tomado un matiz de confusión, pero tengo ciertas certezas, entre ellas el confiar en tí, porque tienes un corazón noble, porque sabes ganarte el afecto de los demás, porque sabes que donde esté yo, simpre habrá un lugar para tí. Aquí no es nuestro hogar, aquí regreso a esos años de nulidad, aquí (aunque tu no lo creas), te compendo mucho mas.

Te extraño, grandote. Pero tienes unas grandes alas, te he educado para volar. Vuela alto corazón. Aquí donde yo estoy también está tu hogar.

Publicado en El dragón y el Duende, Hada imagina, Mundo faerico

Mistherios


vampirosFuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Hace algunos años, dentro de los eventos infantiles del Festival Internacional Chihuahua, conocimos el trabajo de Cabaret Misterio con “En duende está el misterio…” Su excelente trabajo dirigido al público infantil los hace tener de seguidores a los Faéricos, porque se (nos) identifican (mos) con sus personajes, además de que sus propuestas son contemporáneas e inteligentes. Tratan temas actuales, por ejemplo en el caso del Misterio del Helado Derretido o Los Vampiros Vegetarianos. En donde las diferencias hacen las equidades.

Actores versátiles que son a la vez bailarines, acróbatas, músicos y cantantes. Lo cual habla de la preparación que tienen al momendo de presentar un espectáculo. En el cual la escenografía es mínima e innecesaria, porque la actuación completa todo el juego escénico.

Pero mi favorito, ante todos el como decía, En duende está el misterio, del cual en el 2012 el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) editó un libro y dos discos interactivos. El libro escrito en español y kromitz, que además trae actividades divertidas y un diseño excelente.

Aquí transcribo el Primerum Misterios que es mi favorito:

En Kromitz, mirta significa “semilla” y “palabra”. Los duendes son agricultores. Además de sembrar vegetales, plantas comestibles y medicinales, también siembran palabras. Mientras trabajan la tierra entonan este cántico antiguo (¿nunca has visto a tu papá o a tu mamá hablándole a las plantas?). Para ellos el hablar y sembrar es lo mismo y cuando lo hacen siguen un orden preciso compuesto por tres principios, que en realidad son tres preguntas:

PRIMER PRINCIPIO: ¿Es verdad lo que se dice? Es decir: ¿La semilla que se siembra es buena? ¿Está viva?.

SEGUNDO PRINCIPIO: Lo que se dice, ¿se dice con amabilidad? Es decir: La semilla que se siembra, ¿es sembrada con los cuidados necesarios?

TERCER PRINCIPIO: Lo que se dice, ¿se siente en el momento adecuado? Es decir: La semilla que se siembra ¿es sembrada en la temporada más favorable para crecer?

En kromitz samoi significa “realidad”, pero tiene dos significados: hablar y soñar. Para los duendes la realidad es una oración de muchas palabras en la que cada una es el sonido de un sueño.

Cada sueño-palabra está hecho de tres letras y cada letra es un dios. Los duendes tienen muchos dioses, uno por cada uno de los cinco elementos – éter, tierra, fuego, aire y agua – y todas sus combinaciones.

Así es el trabajo que este grupo de actores realizan, esto sólo fue un ejemplo y a pesar de que vivimos en tierras muy distantes, siempre que nos toca disfrutar su trabajo, acabamos más enamorados de éste.

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Un peldaño mas


“A nadie se le regala la buena vida humana ni nadie consigue lo conveniente para él sin coraje y sin esfuerzo” 

Savater, F. 

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Se llega el tiempo, en el que los faéricos ya no son unos pequeños que andan por todo el Castillo Azul armando alaraca.

Luego de varios años de esfuerzo, de insistencias, de cambios, de reajustes, el Dwende (que ya no quiere serlo), culmina una etapa mas.

Para algunas personas esto es una etapa obligada, un peldaño quizás fácil. Pero descubrir que no todas las personas pueden ser faéricos, nos ayuda a comprender que en ningún momento fue fácil.

Sin embargo, a costa de mucha paciencia, apoyo y testarudez, llegó a la meta y está listo para brincar de nuevo.

La vida aún está iniciando, a sus pies tiene lienzos de futuro con la paleta de colores a su mano. Su corazón está lleno de incertidumbres, sus ropas se han quedado cortas, la voz se modula y sus intereses se vuelcan hacia esas pantallas que cargan por todos lados.

Se ha estirado de pronto, dejándome a un palmo de distancia, pero sus abrazos de oso y su sonrisa limpia me llenan de alegría. Sé su valor, porque cada vez son menos frecuentes, pero sé que también es parte de la búsqueda de sí mismo.

El panorama no está claro en su cabeza, son tantas experiencias en tan pocos años, es el cambio de vida, los deseos por descubrir que quiere y el camino abierto para que cruce una nueva puerta.

Ahora todo depende de él, y yo sigo aquí como su sombra, observando orgullosa sus avances, conteniendo esa fuerza juvenil para que vaya por un camino que no le deje demasiadas cicatrices.

Y como dijo el Conde de Montecristo: Confiad y Esperad.