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Aventuras en la FIL 2015


Siempre es deleitoso regresar a lugares que nos parecen maravillosos. Así este año, la oportunidad de asistir una vez más a la Feria Internacional del Libro en la Ciudad de Guadalajara, me llena de alegrías. A pesar de mis malestares y esta enfermedad que remite y vuelve, fue una maravillosa experiencia.

Nuestra principal intención, fue acudir al XXII Coloquio Internacional de Bibliotecarios, que este año trató el tema de Bibliotecas e Incusión Social, donde hubo conferencias, foros y talleres. Fue interesante destacar la participación del Pbto. Solalinde, quien desde su perspectiva religiosa, habló de este tema. Confieso que no sigo sus argumentos en cuanto a la religión, sin embargo me parecieron acertados sus planteamientos en cuanto a equidad y esta detestable sociedad consumista.

Esta vez tocó a Reino Unido ser el país invitado, así que no pudieron faltar los elementos sobrios ingleses en los diseños, imposible dejar de toparse con el Big Ben, o redescubrir las tendencias Steampunk. Además la Tardis hizo su aparición. Sobre el Steampunk, el escritor Alberto Chimal, realizó una intervensión con colegas ingleses para reflexionar acerca de las tendencias en nuestro país y latinoamérica sobre este tema.

El área de niños, como siempre, maravillosa, cubierta de coloridos murales elaborados por los estudiantes de arquitectura de la Universidad. En éstos, pudimos apreciar tanto autores, como personajes clásicos de la literatura inglesa. Poe hizo su aparición en repetidas ocasiones, así como Wilde y Carrol.

No podía dejar pasar la oportunidad de pasear con el Mensajero de los Dioses, quien siempre está atento a mis peripecias por la vida. Y huir por unas horas hacia Tonalá, que nos llenó la existencia de colores y formas, desde las más simples, hasta la complejidad del vidrio soplado, pasando por diversidad de muebles, esculturas.

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Aventuras en la FIL:

La Palomilla entra a un enorme stand lleno de libros, se le acerca un vendedor y le pregunta: ¿le puedo ayudar en algo?

La Palomilla le contesta: ¿Puede usted ser mi mecenas?

Vendedor: NO (me pregunto si entendió que le pregunté)

Palomilla: entonces no me puede ayudar en nada.

Tantas palabras hechas compota…y otras cosas.fil23 El Sr. Xavier Velazco a quien le debo muchas carcajadas y sonrisas.fil24 Nótese mi carencia de habilidad fotográfica. Afortunadamente Montt es un personaje en sí mismo y yo otro (pero sin autor)montt2 Y más de Montt montt3También uno que otro vicio  P2811120007

Torres de libros, libros pequeños, grandes, en pasta dura, rústica, presentados, sin presentar, conocidos, por conocer, inolvidables. Palabras impresas, notas, novedades, anhelos. La FIL es tantas cosas a la vez.

Pero empalmar actividades, es caótico cuando uno depende de un equipo de trabajo y una agenda en conjunto. Aún cuando siempre existe la oportunidad de escaparse, evadirse de la realidad y dejarse llevar por ese deseo de descubrir los nuevos textos, las ilustraciones, el olor a libro nuevo.

De pronto, en los pasillos, uno se encuentra con agradables sorpresas. No sólo los libros susurran, sino también los autores deambulan por ahí. A veces abiertos al diálogo con el ente común, el lector que también camina por ahí entre las nubes de letras. Otras casi intocables.

Fui afortunada, dentro de ese espacio infinitesimal, ese estado perpendicular logró consumarse. Entonces Xavier Velazco y Alberto Montt me regalaron un instante. Creo que para personas así es una insignificancia, sin embargo me da otra perspectiva, me permite adentrarme un poco a esa parte humana.

Le pregunté a Velazco: ¿De dónde surge ese clamor del árbol y el pavo de navidad? El con una amplia sonríe me dice: ¡No lo sé!

Es verdad, lo ignoran, pero en eso radica la maravilla de la existencia, en crear mundos imposibles y transformarlos aunque sea en un universo bidimensional.

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putumayobus

Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Mentiría si digo que todo fue miel sobre hojuelas, era ese cansancio del alma, ese juego interminable con los sentimientos, el tristísimo observatorio de tentaciones que desfilaban ante mi mirada.

Entonces una voz conocida acompañada de música sonó al final de un pasillo, ahí en la esquina envolvía el ambiente, alegrando el espacio. Los metales, las percusiones, las cuerdas y las voces perfectamente armonizadas llenaban mis oídos. Era Omara P. ortuondo, no me cabía la menor duda.

Efectivamente, me topé de lleno con un álbum que decía “5 leyendas de Cuba”, en el que con letras claras se leía: Elíades Ochoa, Compay Segundo, Ibrahim Ferrer, Omara Portuondo y Rubén González. Sonidos que llenaban no sólo el ambiente sino mi cabeza y mis pies que comenzaban a moverse y el corazón latiendo fuerte, intentando controlarse por la sorpresa.

Me alejé por los pasillos con la idea de conseguir ese material cuando al final del pasillo, me topé de lleno con un hermoso camión cuyo diseño bien conocía. Ahí también sonaba la música, pero ésta era de Putumayo Records y una melodía también conocida llamada Buda.

¡Colmo de colmos! Ahí estaba yo, con el corazón partido, la música envolviéndome y los ceros de mis cuentas diluyéndose en una taza de café que de pronto se volvió amarga.

¿Qué elegir?

Ambas opciones eran demasiado para un sólo día, suficientemente atractivas, emocionantes, fulminantes. Así pasillo a pasillo tuve que decidir por uno u otro.

Es desconsolador saber que uno es un simple perico-perro-avecesmaceta que está a merced de la crudelísima realidad numérica. Qué en este mundo matraca es necesario conseguir una suma adecuada para ir cumpliendo caprichos musicales, filmicos y biblográficos.

Eso sucedió ese día en particular, pero en este instante aún me siento como si estuviera frente al autobus mientras escucho con una mezcla de nostalgia y alegría la voz de Ibrahim Ferrer que canta un guaguancó titulado “Todavía me queda voz”

¿Bailamos?

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Esa tarde, recorría los pasillos con más detenimiento. En este mundo limítrofe que generalmente habito no existe tal cantidad de placer bibliófilo concentrado en un sólo espacio. Era impresionante ver aquella cantidad de títulos, también los carteles que invitaban a los eventos que se realizaban simultáneamente en diversas áreas.

Sin embargo era el momento de “internacionalizarse”.

Así crucé hasta el área internacional, donde mi vista quedaba suspendida en una cantidad inusitada de sorpresas. Desde gráficos, música, videos, algunas artesanías. Además de excelentes y creativos stands de diversos países, de Europa, Asia, Latinoamérica. Personas hablando en diversos idiomas, exhibición de libros del Vaticano, venta de libros antiguos para coleccionistas, manga, cómic.

También la pared que exhibía los trabajos originales de ilustradores de diversas casas editoriales.

Libros confeccionados a mano con papel reciclado y tintas naturales, escritos a mano. Libros pequeñísimos, enormes, en pasta dura, pasta blanda… todo tipo de libros de cualquier tema imaginable. Mi mente colapsa y mi piel se eriza de recordar esa sensación paradisíaca.

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FIL

Ese fue el día más impresionante (no diré que de mi vida), el que todo profesional en mi área debe experimentar cuando menos una vez en la vida.

La primera imagen que viene a mi mente fue esa estructura de madera que exhibía el material traído desde Chile, sabía que tenía una fecha especial en la que debía estar ahí. Llegaría el Sr. Montt, a quien estaba destinada a conocer.

Traía algunas metas bien establecidas. La primera era no deprimirme o enloquecer. Así que intenté recorrer con la mayor calma los pasillos del área nacional. Sin embargo fue imposible permanecer impávida. Es que era esa oscilación que iba desde el infierno al paraíso, del Nadir al Cenit.

A través de los pasillos, millones de letras comenzaban a murmurar algunas frases hechizantes. Primero fue un sonido como de letras crujiendo, luego se fue haciendo cada vez más nítido y claramente podía escuchar frases como: “Aquí hay de García Márquez, en este consigues de Juan Villoro, este texto  no lo encuentras allá, etc.

Por el contrario, mi bolsillo se iba endureciendo, los ceros se reducían, mi mente volaba fijando la vista en aquellas pilas de libros, en aquellos stands tan diversos, en los colegas que hablaban ese mismo idioma, entre ilusionado y codicioso.

Me tomó aún algunos días, con exactitud fueron siete, los que me tomó recorrer el lugar, pero esa es otra reflexión mínima.

Esto fue la Feria Internacional del Libro:  FIL

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