Florecer


Casi ha llegado el día…

Te veo, un Hada que florece, a pesar de los retos de la vida.

Me enorgullece ver la maravillosa persona en la que te has convertido.

Son tus trazos coloridos, a veces tristes, otras agresivos, otros brillantes. Ahí expresas todo lo que no puedes decir de otra manera.

Eres, quien se topa con las injusticias y no calla, la que defiende lo que cree correcto, la que denuncia.

Confieso que a veces me da miedo, no quisiera que nadie te lastimara, pero lo único que puedo hacer en esta vida es amarte.

Tendrás que seguir luchando tus propias batallas, pero yo estaré de algún modo u otro ahí, así como mis ancestras me soportan, tu llevas ese linaje.

Pero te libero de toda responsabilidad sobre mí, eres libre de hacer tu vida, de romper con aquellas lealtades dañinas.

Hada, vuela alto que yo estaré ahí contemplando tu vuelo, hasta el infinito.

Gto 5

Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

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Aprendizaje


Lo único que tenemos es el hoy. Mis faéricos, Hada y Dwende. Donde estén, aún en las noches de infierno. Siempre los dos. Como mis maestros, como mis lecciones infinitas, como mis guías. Gracias por escogerme. Aprendo, aún en el insoportable dolor de la separación. ¡Aho!

Aquí a tiro de piedra


Tengo un montón de emociones que no sé dónde colocar. Es nuestro segundo viaje sin el Dwende, no quiso saber más, no quiso acompañarnos.

Pero la vida sigue y no podemos detenernos, estábamos hartas de esta ciudad, del polvo que se fue desprendiendo de las paredes, de los espacios sin ordenar, de la cabeza saturada de ideas.

Tomamos un pequeño equipaje y salimos, aquí a tiro de piedra, a un lugar que sólo nos ha servido de paso desde hace décadas. Es extraño como buscamos lugares alejados y no nos permitimos conocer lo que está aquí. Ya la semana pasada habíamos dado un recorrido por nuestra ciudad, en la que conocemos todos los teatros, todos los museos, todas las plazas. Sé que hay quienes tampoco aquí se dan esa oportunidad.

Pero tomamos un autobús y nos dirigimos a La capital del mundo, lugar de revolucionarios, de minas de plata y oro, de edificios de piedra y cantera. Recorrimos sus calles, sus atardeceres llenos de gente, bajamos a su mina con las entrañas frías y la sensación del peso vivo en la piel, regresamos en el tiempo en el Palacio Alvarado, con su arquitectura rebuscada, con columnas estriadas y lizas, torcidas y rematada en capiteles híbridos, con esa cocina para toda bruja.

Nos paseamos en el pequeño trolebús y estuvimos en el lugar donde asesinaron a Villa y en el Hotel donde lo velaron. Cruzamos la fachada con los restos del viejo teatro, que a cielo abierto nos deja imaginar historias imposibles.

Una pequeña ciudad, llena de riqueza, donde las calles nos dieron cabida y sus dulces nos endulzaron las tardes.

“Adiós, adiós, mis avecillas,

yo también quiero recordarle a mi nación

que allá en Parral, descansa Villa,

en el regazo del lugar que tanto amó”

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A Hada


caleidoscopicaFuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Querida Hada:

No quiero que sufras por mi culpa. Menudos asuntos te han tocado y no sé si haga lo suficiente para que también sanes todo esto que te aqueja. ¡Cuánto has crecido ya! Cada día es una aventura contigo, cada día una locura compartida. Querida Hada, quiero estar bien, quiero dejar de estar adolorida y que no te preocupes por tanta estupidez cometida en tu entorno.

Algo habré de hacer y cumpliré mi promesa de no acabar en el hospital.

¡Aho! Y bendita tu existencia, que la luz llegue a limpiar toda la tristeza y la ira que cargas.

El no querer


lux

Fuente de imagen: Internet

A veces, es necesario caer en la ataraxia. No querer saber, ni sentir, ni pensar. Es necesario volverse casi un protozoario.

A veces, es necesario adormecerse, para poder dejar que todo tome un rumbo nuevo.

Es hilvanar desde el subconsciente esa transición hacia el siguiente paso. ¿Qué nos estará esperando afuera?

Hada pregunta si es posible regresar en el tiempo y reparar los errores. Lo único que atino a decirle que lo irreparable es la muerte. Todo lo demás tiene arreglo.

¿Qué nos pasó, cómo dejamos que la vida nos torciera los caminos? Me dieron desde muy chica un instructivo de lo que debía hacer. ¡Voilá! No soy nada de lo que me dijeron.

Le dije a Hada que he aprendido sólo dos cosas en la vida. La primera, es que lo que yo puedo hacer por ellos (los faes) es amarlos. La segunda es eso sobre la irreparabilidad de la muerte.

Por ahora el trabajo de desapego ha sido duro, el Dwende lo ha confirmado: -La vida sigue. Eso les dijo ayer. Efectivamente, acepto ese aprendizaje. D E S A P E G O. Difícil palabra cuando se tiene un hilo umbilical que por un lado me permite aprender y por el otro  me tiene adolorida.

“Ad astra per áspera” No estoy de acuerdo, porque eso del sufrimiento es una opción. No opto por ella.

Querida Hada, no tengo más consejos hoy, porque ni siquiera los tengo para mí.