Publicado en Apocatástasis, Reflexiones de la Palomilla

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porche
Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Caminaba por mi barrio, donde todo es tranquilo (a veces) y a pesar del calor de medio día, porque dejé mi auto en el taller mecánico habitual, descubrí lugares nuevos.

Es que me gusta donde vivo, lejos de toda la parafernalia moderna, lejos de los edificios “inteligentes” y de los fraccionamientos cerrados. De los centros comerciales atiborrados de personas que viven de prisa, tanto como las vialidades de tráfico continuo.

De acá, me gustan sus calles amplias, los grandes árboles que han estado ahí por décadas. Buscaba un herrero, lo he encontrado. Había uno muy cerca de casa, pero cerró hace algunos meses.

Conozco dónde está la carnicería, el tapicero, el centro de taxis, conozco a Mary, la de la tienda de abarrotes y a Anaís la chica del peinador. Sé dónde está la dulcería y los talleres mecánicos, los que rentan mesas, la tortillería donde venden una deliciosa “cuajada”, las marmolerías y las florerías siempre vibrantes. A unas cuantas cuadras lavan autos y hay un puesto de hamburguesas.

Me gusta esta combinación de casa viejas de adobe y otras más nuevas de fachadas coloridas. Aquí aún hay casas con porche, como la mía. Algo no tan habitual.

A una cuadra hay un porche que tiene unos muebles rústicos de madera con unos relieves hermosos de soles y lunas. Y un poco más allá una casa con el proche repleto de “chismosos” que tintinean con el aire.

También el trajín de la plaza que tiene a un lado la nevería y los puestos de papas fritas y elotes. Es un barrio viejo, en el que mis abuelos criaron a sus hijos, donde vivió mi padre y donde he podido tener el huerto, las gallinas “velocirraptoras”, el conejo Paz y la cuyo Óreo.

Barrio donde el tiempo pareciera detenerse, por instantes y al salir al huerto, se pueden aún ver las estrellas.

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Suceso


Entonces no le queda a una, más que reírse de sí misma, por torpezas involuntarias, por la ingenuidad.

Es que, hay cosas que nos son tan cotidianas, que cuando las aplicamos en un contexto diferente, se tiene un resultado inesperado.

Así una tarde de dormingo en medio de la muchedumbre consumista y alterada, se vuelve posible cometer equívocos.

Yo en una fila, él esperando en la sala.

Yo, confundida, él extrañado.

Yo, en un inicio incómoda, luego, entendiendo el absurdo y la carcajada que brota incontenible.

Tanto orden me resulta extraño, ese estado de privilegios capitalistas, ese listado de requisitos de aceptación social obtuso, esa atención vuelta exceso.

Quizás es una sombra que no me gusta, un reflejo dentro de mí que no me gusta que salga, porque a final de cuentas, lo que no nos gusta, tiene que ver con lo que no queremos ver de nosotros mismos.

Afortunadamente, no todo fue fatal, la compañía agradable, las risas compartidas y la confusión del absurdo, salvaron la tarde.

4. espejo
Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

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Abundancia


granada
Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

La abundancia, se contagia. Porque mientras ofreces sin esperar nada, recibes lo inesperado.

Desde hace unos meses, nombré a nuestro hermoso huerto como “Probeta 1”, este sitio experimental donde la vida surge.  Donde se llena de nuevas ideas, gracias a una Ayudante de Mago y de un chico que últimamente nos ha hecho mobiliario con tarimas de madera, instaló un sistema de riego y además utilizó cal para las paredes, dejándolas hermosamente blancas.

También es interesante ver cómo Papala sigue presente, el viernes lo pude corroborar. A final de cuentas esa es su tierra y hay plantas que ella sembró hace cincuenta años.

Ayer, en el trueque de plantas y semillas, recibimos semillas que pronto estarán en la tierra para regalarnos sus alimentos.

Ese reencuentro con la tierra, me ha hecho crecer, apreciar aún más las maravillas de la plantas y el escarbar entre los huesos para avanzar.

Por lo pronto, estoy sembrando, no solo las semillas, sino nuevo proyectos que seguramente darán frutos. Todo es aprendizaje.

¡Aho, vida!

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Sincronía


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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

¿Qué es lo que haces para llamarme en el silencio?

¿Cómo logras entrar en mis sueños?

No alcanzo a comprender el cómo.

Lo único cierto es que estás aquí,

como un susurro permanente,

como las tardes de primavera,

como el olor de las flores.

Sigo en el latido perpetuo de una tierra que nos une,

aún en la distancia.

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Vueltas y vueltas


El hoy, es lo único que tengo, en esta celebración de Ostara que nos lleva a la tierra, a las  semillas, a la siembra, desde este fin de semana.

Es necesario prepararse para el inicio del ciclo.

Ostara de tierra y agua, de compartir la vida, de abrirse a nuevas posibilidades. Ostara de la Diosa que despierta y con ella, el clan alza la voz, resuenan los tambores y latimos juntas desde todos los rincones. ¡Aho, clan!

uas3
Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica
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Desportillada


Algunos buscamos un estado de libertad, ¿Acaso es tan malo? Es que en Matrix nada es fortuito, todo está bajo control. ¿Cuál es la diferencia entre Matrix y nuestra “realidad”?

Él pidió trabajo, no se lo concedieron por ser “demasiado” libre. Y si dices lo que piensas tampoco recibes buenas caras.

No entiendo a qué se juega cuando se quiere mantener todo dentro de un cuadrado impenetrable, en el pensamiento limitado de: “es que si lo hacemos así vamos a salir mal”, “Para qué hacer algo tan grande, mejor así déjalo para que no se nos haga difícil”.

Harta, de personas que en vez de permitirse crecer, se conforman. Recuerdo aquella conversación con Dwende hace años, sobre el árbol y el bonsai.

No quiero ser bonsai, quiero aprender, recorrer, ver, toparme, caerme y levantarme. Quizás me raspe, me desportille, pero ¿Acaso una taza de peltre con portillos no es bella?

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Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

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Algunas veces


Desaparezco, porque es preciso saltar al vacío, hundirse en la noche, comerse los kilómetros y ver el mundo.

Tras de mí, el vértigo corre infatigable, intentando detenerme, diciéndome: alto. Otras veces es el indómito insomnio. Morfeo traiciona, especialmente en la distancia.

Pero algo me mueve, me lleva de la mano, me arrastra, me indica que siga adelante, aún cuando el cuerpo pesa, cuando la mente se llena de ideas en tirabuzón.

Retos que me invitan a aceptarlos, que por un lado me llenan de incertidumbre y por el otro me emocionan por los aprendizajes que obtendré.

Seguiré caminando, con la idea de redescubrir formas de hacer las cosas, de amar lo que se hace, de estar dispuesta a cambiar y fluir, sobre todo, fluir.