Abre los ojos


¿Te demoras? Preguntó.

Es la tarde que cae lentamente. Sacudiéndose el calor y humedeciéndose con la llovizna. Es tu insistencia por sacudirme, por arrastrarme en eso que es tu modelo de vida.

Llega un momento en el que decido bajar la velocidad, tomar mi tiempo y a dejar esa vorágine.

Decido quedarme.

¡No quiero esas prisas! – Contesto.

Desde el umbral veo cómo se aleja. Parece molesto.

¡Es que aquí no hay castillos, ni princesas que deseen ser rescatadas! – Le grito.

Sé que me escuchó, porque se encoje de hombros y sigue su camino.

Cierro la puerta y siento cómo me vuelvo ligera.

Sonrío y comienzo a tararear: “Reloj de campana, cuéntame las horas…”

9.color

Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

“Me dije a mi misma: nunca más seré el recipiente para la basura de mi marido, otro ser humano, porque vive conmigo, porque contrajo una alianza determinada llamada matrimonio, cree que puede usarte para derramar en tí cada uno de sus desperdicios, ya sean sus rabias, sus fallas, sus frustraciones, sus miedos, sus inseguridades”

Serrano, M.

Anuncios

Sorbitos


Frente a ella, dejaron esa taza humeante, con espuma a rebosar.

Se acercó lentamente para dejar que el olor impregnara su nariz, hundió la cuchara sobre esa superficie suave.

Tomó la taza y dio un pequeño sorbo. Aquel sabor inundó su paladar y la hizo sentirse agradecida por el momento. Porque esos pequeños espacios llenan universos.

Entonces volteó hacia el mostrador y se dio cuenta de que la observaban.

Sonrió mientras escuchaba que decían: “Estaba como para anuncio del café”

taza

Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica

Había, hubo


Había una vez, una vez, una vez…

Esta es la historia un tanto interesante, érase un hombre que estaba convencido de ser para parecer y desde un espejo su sombra lo observaba.

En el reflejo había inteligencia, liderazgo, claridad y ambición.

La sombra quiso verlo más de cerca, así que fue poco a poco acortando la distancia, tanto que el espejo comenzó a volverse un tanto opaco.

Entonces la sombra comenzó a descubrir aspectos grises, como su desprecio hacia lo silvestre, hacia la palabra escrita en papel, hacia lo colores y las figuras abstractas en los cuadros. Sintió una distancia, como un muro invisible oculto en una máscara con expresiones muy aprendidas.

Atisbó rutinas, detalles que le permitían ver cómo utilizaba a otras personas para cumplir sus objetivos, sin importarle daño alguno, regodéandose y haciendo hincapié en aquellas pertenencias que le ofrecían un estatus, quizás una percepción de prestigio, pero a la vez, cubriéndose de actitudes de no ser igual a los demás.

La sombra empezó a alejarse de nuevo, queriendo redescubrir a ese primer ser que se vió en el espejo, esa líneas sobrias, esa seguridad, pero la opacidad se había impregnado en el reflejo, la sombra a final de cuentas era eso, una sombra que descubría la parte que el hombre proyectaba en alguien más.

Entonces lo supo, al final de todo, lo único que el pobre hombre tenía, era dinero.

4. espejo

Fuente de imagen: Palomilla Apocatastásica